1. La Silla


    Fecha: 23/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: jessmartin, Fuente: TodoRelatos

    La Silla
    
    Hoy ni siquiera se ha puesto la bata con la que se ha cubierto estos días, lleva simplemente el conjunto de lencería con el que duerme y que me deja observar perfectamente a través de la fina tela sus pezones duros por el frío de la noche y la excitación.
    
    En cuanto entra en los establos se apoya en uno de los royos de paja que los llenan levantando las manos sobre su cabeza, agarrándose a las cuerdas que impiden que los royos se deshagan. Durante unos segundos no sucede nada, permanece quieta, con su respiración cada vez más acelerada. Entonces, sin soltar las cuerdas comienza a moverse, a contonearse con fuerza, a soltar pequeños gritos que van subiendo poco a poco de intensidad, a bailar al ritmo que la marca un imaginario látigo golpeando su cuerpo, castigándola por su lujuria, marcándola como una esclava rebelde y desobediente que necesita ser entrenada.
    
    Su cuerpo empieza a cubrirse por el sudor, sus pezones cada vez más duros parecen querer atravesar la tela del sujetador, y su excitación ha crecido tanto que no solo es visible la mancha de humedad en su coño, son visibles los jugos mojando sus muslos, provocando que brillen bajo la luz de las tenues luces que iluminan los establos.
    
    De pronto se detiene y se deja caer de rodillas sobre el suelo, sé que no ha llegado al orgasmo, pero cada noche que pasa se acerca cada vez más a él, a correrse sin tocarse bajo un látigo imaginario, lo que hace que me pregunte cuánto tardará en hacerlo cuando de ...
    ... verdad sienta la caricia del látigo en su cuerpo.
    
    Levanta la cabeza y una mirada de sorpresa aparece en sus ojos, hoy si se ha dado cuenta de que hay algo diferente a las otras noches. Sin levantarse del suelo mira a su alrededor, se toma unos segundos para asegurarse de que no hay nadie mirando ni de que nada más ha cambiado y comienza a moverse por los establos sobre sus manos y sus rodillas, dirigiéndose a la vieja silla de madera.
    
    La primera noche la silla estaba a un par de metros de donde se paró, poco a poco la he ido alejando sutilmente, hasta que esta noche la he colocado en el lado contrario de los establos, obligándola a recorrer cerca de veinte metros sobre la paja sucia y húmeda de esa parte.
    
    Sí se da cuenta de que se está manchando de barro no lo parece, no reacciona, sigue avanzando hacia la vieja silla, deteniéndose delante de ella, observándola de la misma manera que todas estas noches, preguntándose seguramente qué sentido tiene una silla ginecológica en unos viejos establos.
    
    Después de unos segundos se sube lentamente a la silla, apoya su espalda en el frío y gastado cuero y levanta sus piernas para colocarlas en los estribos, unos estribos que cada noche he ido separando un poco más, de modo que su cuerpo queda obscenamente abierto provocando que la tela de sus bragas se haga un lado dándome una visión perfecta de su coño afeitado y de su fruncida entrada trasera.
    
    Apoya la cabeza en el reposacabezas y acerca las manos a las abrazaderas metálicas ...
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