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Rutina de pies
Fecha: 25/07/2026, Categorías: Fetichismo Autor: Vilgot, Fuente: CuentoRelatos
... manera calmada, sonriendo levemente. Me hizo la seña de silencio y se oyó el seguro en la puerta. Yo estaba genuinamente confundido. Se me acercó lentamente y con una cara de guarra, venía soltando risitas, y en ese pequeño trayecto pude apreciar mejor su figura, sus caderas tan anchas, sus piernas tan gruesas, sus tobillos tan finos. Ella se sacó las zapatillas de correr junto sus calcetines olorosos y se paró frente a mí. Sus deliciosos pies con esmalte rojo y aroma transpirado me hipnotizaron, uno de ellos comenzó a sobarme tímidamente la polla por sobre el pantalón. Me hizo una seña con el dedo para que me bajara la prenda y la obedecí, ella se acomodó en el suelo frente a mi, y con ambos pies empezaba a masajear mí verga erecta, lubricada ahora más por su sudor descalzo. Se notaba que aquella madura sabía cómo hacer gozar a un hombre, pues utilizaba los pies como una diosa, a la cuál, de ahora en adelante iba a adorar. Estaba fascinado con ese espectáculo visual, ese sube y baja aceitoso y con ritmo. Ver esas piernas extenderse hacía mí con naturalidad femenina. Ver su vulva marcarse por sobre sus mallones, transpirada y con aroma. Ver esos deditos redondos y enrojecidos en sus pies retorcerse acariciando las marcadas venas de mi miembro. Presenciar esas nalgas tan inmensas que eran visibles desde frente, y su cintura tan pequeña que acrecentaba aún más el tamaño de esas caderas. Yo comencé a respirar más fuerte, más hondo, porque me costaba más. Ella ...
... se dio cuenta de esto y sonriendo me guiño un ojo. La muy golfa fue experta en calentarme y aumento la velocidad con un movimiento de rebote en sus tobillos, las plantas sus pies ruborizadas se deslizaban en mi polla radiante y lubricada, emitiendo un resbaloso sonido. Los movía ansiosamente de arriba hacia abajo y luego los curveaba delicadamente. Con el pie izquierdo me masajeaba la cabeza y con el derecho el tronco, atrapando mi glande entre sus dedos pulgar y anular. Sus dedos daban la apariencia de arándanos colorados y dulces frotándose de arriba hacia abajo, sobando. Arriba, abajo, masaje y repetía. Arriba, abajo, masaje y repetía, disfrutando de verme aguantar ese tormento tan orgásmico. Yo estaba a punto de explotar, ella me miró a los ojos y se mordió los labios con una cara lujuriosa. Esa mirada de puta me hizo estallar. Chorro tras chorro, tras chorro, tras chorro, salieron disparados sobre sus pies brillantes y llenos de color, hilos blancos y viscosos que la impregnaban, mientras mi polla seguía palpitando rojiza por el flujo sanguíneo y la fricción. Ella jadeó sonriendo y le dio una última caricia a mí glande con la planta del pie derecho, como despidiéndose de mi polla. Yo también jadeaba. Al final tomo sus cosas, abrió la puerta y se fue descalza cargando su calzado y riéndose de sí misma la muy cerda, satisfecha de su logro. Al irse me regaló un último vistazo a ese magnífico y descomunal culo. Desde entonces no me pierdo una clase de yoga.