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El deseo prohibido
Fecha: 27/07/2026, Categorías: Incesto Autor: DeanW, Fuente: CuentoRelatos
Había una vez en Ciudad Juárez, una ciudad vibrante y llena de contrastes, donde las fronteras entre lo permitido y lo prohibido a menudo se difuminaban. Allí vivían Fernando, un apuesto joven de 23 años, de ojos verdes y cabello castaño, con un cuerpo atlético y una sonrisa que podía derretir el corazón de cualquiera. Fernando había llegado hace unos meses para vivir con su padre y su nueva esposa, y su media hermana, Valentina, que tenía 19 años, con ojos claros y cabello negro como el ébano, y una figura delgada pero curvilínea. La primera vez que Fernando y Valentina se encontraron fue en la cocina de su nueva casa. Valentina estaba de pie frente al refrigerador, con un vestido corto que dejaba ver sus piernas largas y torneadas. Fernando, que había entrado sin hacer ruido, se quedó mirando, hipnotizado por la gracia y la belleza de su nueva hermanastra. —¡Hola! —dijo Valentina, volviéndose y sonriendo—. ¿Qué buscas en el refrigerador? —Oh, sólo estaba buscando algo para comer —respondió Fernando, tratando de disimular su nerviosismo—. ¿Y tú? —Solo un poco de agua —dijo ella, tomando una botella y cerrando la puerta del refrigerador. Fernando notó el brillo en sus ojos y el tono de su voz, suave y cálido. Sintió una atracción instantánea hacia ella, algo que nunca había sentido antes. —¿Te gusta Ciudad Juárez? —preguntó Valentina, rompiendo el silencio incómodo. —Sí, es un lugar fascinante —respondió Fernando—. ¿Y tú? ¿Qué haces en tus ratos ...
... libres? —Me encanta leer y pasear por el río —dijo ella, con una sonrisa—. ¿Y tú? —A mí me gusta correr y explorar la ciudad —respondió Fernando. Así comenzó su coqueteo sutil, con conversaciones casuales que lentamente se volvieron más personales. Cada vez que se encontraban, había una chispa en el aire, una tensión que ambos sentían pero que ninguno se atrevía a mencionar. Una noche, después de que sus padres se habían ido a una cena, Fernando y Valentina se encontraron solos en la casa. Fernando, sentado en el sofá, observaba la televisión con una expresión distraída. Valentina entró en la sala de estar, con una taza de té en la mano. —¿Qué estás viendo? —preguntó ella, sentándose a su lado. —Nada en particular —respondió Fernando, apagando la televisión—. ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo? —Solo disfrutando de una taza de té —dijo ella, tomando un sorbo. Fernando notó el aroma de su perfume, una mezcla dulce y sexy que lo envolvió por completo. Se giró hacia ella, sus ojos verdes encontrándose con los claros de Valentina. —Valentina —dijo él, con voz baja—. ¿Te has preguntado alguna vez qué sería de nosotros si no fuéramos hermanastros? Valentina lo miró, sorprendida por la pregunta. Su corazón latía más rápido, sintiendo el mismo deseo que él. —A veces —admitió ella, su voz temblando ligeramente—. Pero no puedo permitirme pensar en eso. Fernando se acercó más, su mano tocando suavemente su mejilla. Valentina cerró los ojos, sintiendo el calor de su ...