-
Mi hijo me regala unas tangas y me ayuda a estrenarlas
Fecha: 31/07/2026, Categorías: Incesto Autor: AlonsoLima, Fuente: CuentoRelatos
Enviudé a los 37 años, hace ya poco más de un año. Mi único hijo tenía 19 años cuando sucedió. Mi esposo murió en un accidente de tránsito, algo totalmente imprevisto. Nos dejó sumidos en la mayor tristeza. Nos quedamos, con mi hijo, solos en el apartamento. Mi esposo siempre fue un hombre precavido. Como ingeniero que era, tenía todo en orden. La pensión de viudez que me tocó recibir, me permite tener una vida holgada y tranquila, sin necesidad de tener que trabajar, pero, para llenar mi mente, sigo haciéndolo. Además de la pensión de viudez que me correspondió, mi esposo se había protegido con tres seguros de vida, que en caso de accidente me otorgaban unas pólizas que fueron muchísimo dinero. Las recibí, y siguen depositadas en el banco, como ahorro a plazo fijo. El seguro de desgravamen pagó el apartamento y algunas deudas que tenía mi esposo. Al final, en lo económico quedé con la vida resuelta. Sin embargo, en lo anímico me costó muchos meses poder superarlo. Mi hijo fue un soporte impresionante, lo tomó con madurez y realismo, en eso salió igual a su padre, pragmático, eficiente, proactivo. Pocas semanas después de la muerte de mi esposo empezó a decirme “el gordo quisiera verte feliz”. Así le decía siempre a su papá “gordo”, tenían una relación maravillosa, jovial y horizontal, pero con respeto siempre, nunca le faltó el respeto ni se excedió de ninguna manera, pero desde los 14 o 15 años, su papá era “el gordo”. Al principio me sonreía. Pero con las ...
... semanas él insistía. Me decía que debía empezar a salir, que era una mujer joven, que debía rehacer mi vida. Yo no pensaba en eso, no deseaba otro hombre en mi vida. Seguía deprimida y en mis recuerdos. Fueron pasando las semanas, se hicieron meses y cuando celebramos la misa de 6 meses de difunto de mi esposo, mi hijo me invitó a cenar (su padre también había tenido un seguro de vida para él, de un monto que le permitiría terminar la universidad sin ningún problema y, además, tener una vida bastante cómoda también). Como vivíamos juntos, yo asumía todos sus gastos, incluso el pago de la universidad, lo que le permitía ahorrar y tener bastante dinero disponible. Lo cierto es que me invitó a cenar. Luego de la misa nos despedimos de los familiares y amigos y cuando quedamos solos, partimos a donde había hecho la reserva. Un restaurante italiano, sobrio y elegante, pequeño pero sofisticado, precios exorbitantes, pero sabía tenía holgura y no me preocupó. Tomamos un vino, luego otro, ya estábamos ambos muy “conversadores” cuando me dijo a bocajarro “mamá, necesitas otro hombre en tu vida”. Me quedé pensando un instante largo y finalmente le respondí que sí. Hubo un silencio largo y luego empezamos a hablar de otros temas. Al día siguiente, al llegar de la universidad me dijo que nos había inscrito en un gimnasio, a un par de cuadras de la casa. Le dije que estaba loco, pero acepté. Había ido esporádicamente en el pasado y no me desagradaba la idea de volver. Al día ...