-
Reencuentro
Fecha: 01/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Haizefujin, Fuente: TodoRelatos
... calmada, casi divertida, como si hablara con un gatito curioso que ha metido la pata donde no debía. —Así que tú… —decía ella con una risa contenida—. Soñabas conmigo, Diego. Y no como primos normales, no. Tú tenías fantasías muy específicas. Qué interesante. Después de eso, lo dejó en visto. Dos días enteros. Diego sentía que se volvía loco. Cuando volvió a escribirle, fue con una foto. Solo se veían sus piernas, estiradas en un sillón. Llevaba medias negras, de encaje. Ningún texto. Ninguna explicación. Solo eso. Él no supo qué decir. Solo reaccionó con un corazón. Ella contestó: “No te emociones tanto. Solo estoy aburrida. Por ahora.” Y a partir de ahí, lo fue moldeando a su antojo. No hablaban todos los días. Solo cuando ella quería. Y cuando lo hacía, lo llamaba “niño bueno”, “curioso”, “el virgen”, como si esas palabras no fueran insulto, sino collar. Y Diego… aceptaba. Cada vez más sumiso, más expuesto. Un día, Eugenia le pidió que escribiera una lista. —Quiero que me cuentes tus fantasías. Todas. Las más raras. Y no omitas nada, Diego. Sé cuándo mientes. Tardó horas en reunir el valor. Le mandó un mensaje largo, lleno de confesiones que jamás había dicho en voz alta. Desde el anhelo de ser dominado, hasta el deseo de besar sus pies. Se sintió ridículo al enviarlo, pero también aliviado. Como si por fin pudiera respirar. Ella tardó en responder. —Tienes más imaginación de la que aparentas. Pero aún estás muy verde. No has hecho ...
... nada para merecer lo que pides. Y entonces empezó el verdadero juego. Le hacía pequeñas pruebas. Le pedía fotos: no de su cuerpo, sino de cosas más humillantes. Que se arrodillara. Que escribiera su nombre en un papel y lo sujetara entre los labios. Que le grabara audios pidiéndole cosas con voz suave, temblorosa. —Más bajo —le decía—. Como si tuvieras vergüenza. Porque deberías tenerla. Pero nunca le daba lo que él deseaba. Eugenia sabía sostener la cuerda con una maestría cruel. A veces le prometía cosas: una videollamada, una visita. Nunca se concretaban. Y aun así, Diego seguía ahí. Porque cada mensaje, cada nota de voz, cada risa suya valía más que cualquier otra cosa. Y ella, claro, lo sabía. —No se trata de lo que tú quieres, Diego —le escribió una noche—. Se trata de lo que yo decido darte. Si algún día te lo doy.La invitación no llegó como tal. No hubo “¿quieres venir?”. Solo un mensaje de Eugenia, directo, con una ubicación y una hora. “Ven. No tardes. Y no vengas con expectativas.” Diego no supo si se trataba de una prueba más, o si de verdad... iba a verla. El corazón le latía como si fuera a estallar. Se duchó, se cambió tres veces de ropa, borró mensajes antes de enviarlos. Y al final, fue. El edificio era moderno, sobrio. Eugenia lo recibió en la puerta con la misma expresión distante de siempre. Iba con un conjunto negro ajustado, el pelo recogido y sin una gota de maquillaje. Y aun así, Diego sintió que no podía ni mirarla a los ...