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Rojo intenso (1): Noche de copas (parte 2)
Fecha: 03/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
Rosanna lo guio dentro de ella con un movimiento lento, profundo, saboreando cada segundo como si cada centímetro de ese pene fuese una caricia destinada. Cerró los ojos un momento, soltando un suspiro que estremeció la habitación cuando lo sintió profundamente dentro de ella. Luego comenzó a moverse con ritmo firme, ascendiendo y descendiendo sobre él como una ola persistente, devoradora y hermosa. Ismael la observaba con devoción absoluta, sus manos recorrían sus nalgas, su cintura, ese cuerpo que durante años había imaginado sólo en sueños silenciosos. La escuchaba gemir, miraba cómo su cabello caía en desorden sobre su rostro, y no sabía si estaba en la realidad o dentro de un deseo cumplido, sentía como el semen que escurría del ano de Rosanna caía sobre sus testículos. El vaivén se intensificó. Cada movimiento de Rosanna era un acto de afirmación: del poder de su cuerpo, de su deseo, de la libertad que sentía al ser mirada sin juicio, solo con hambre. Era salvaje y dulce a la vez, como un incendio que no quema, pero transforma. En el clímax del momento, cuando ambos sintieron que el cuerpo ya no les pertenecía, sino al otro, ella se inclinó hacia él. Lo besó con fuerza, casi con desesperación. Un beso que no era solo pasión, sino historia, confesión, desahogo. Y nuevamente el semen de Ismael invadió el interior de aquella escultural mujer. —Te deseo desde que tenías veinticinco años —susurró contra sus labios—. Pero nunca me atreví… hasta ahora. Ismael ...
... se quedó inmóvil, conmovido, con los ojos fijos en ella. —Yo también, tía… —dijo con voz quebrada—. He amado cada día en la oficina contigo… y esas nalgas… desde que las vi por primera vez… Rosanna rio suavemente, sin burla, solo con ternura. Luego apoyó su cabeza en su pecho y cerró los ojos. Su cuerpo aún vibraba, pero ya no de deseo, sino de algo más cálido, más tranquilo. Como si finalmente hubiera encontrado un lugar donde descansar. Ismael la rodeó con los brazos, acariciándole la espalda con una mano, y con la otra le dibujó círculos lentos en las nalgas, en esas curvas que tanto había admirado desde la distancia. La noche seguía afuera. La ciudad, despierta. Pero en esa recámara silenciosa de la Condesa, ellos se quedaron así: fundidos, adormilados, descubriendo que el deseo, cuando se comparte con entrega real, no termina. Solo cambia de forma. A la mañana siguiente la luz tenue del día comenzaba a filtrarse por las cortinas entreabiertas. El murmullo lejano de la ciudad apenas se colaba en la habitación, como si respetara el silencio sagrado que quedaba tras la tormenta de la noche anterior. Rosanna se había despertado antes. Observó a Ismael dormido, con el rostro relajado, el pecho desnudo subiendo y bajando al ritmo de un sueño tranquilo. Sonrió. Se acercó a él con sigilo felino, como si el deseo la hubiera seguido hasta el amanecer, y se deslizó entre las sábanas. Con dulzura, comenzó a acariciar su pene, a despertar su cuerpo con la misma ...