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Rojo intenso (1): Noche de copas (parte 2)
Fecha: 03/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
... delicadeza con la que se despierta una promesa que no se ha roto. Ismael abrió los ojos poco a poco, sorprendido, pero no tardó en rendirse al calor de sus caricias, al juego húmedo y paciente con el que ella lo reclamaba una vez más que tenía aquel trozo de carne dentro de su boca, jugueteando con su lengua. No hubo palabras. Solo un suspiro ahogado, un temblor en los dedos, una confesión silenciosa en la forma en que él la miró mientras su cuerpo respondía al suyo. Cuando ella se separó, él quedó recostado, aun temblando, con la respiración entrecortada y los ojos fijos en el techo, mientras ella tragaba aquel liquido lechoso que inundo su garganta. Rosanna se incorporó desnuda, con la piel aún húmeda de deseo, caminó por la habitación como si fuera dueña del aire. Ismael la contempló desde la cama, maravillado. Cada curva, cada línea de su cuerpo, brillaba bajo la luz tenue del día. No había disfraz, no había máscara. Solo ella, tal como era: libre, plena, perfecta. —Tía… —dijo él en un susurro, sin contener la admiración—. Eres maravillosa. No existe nadie como tú. Rosanna se agachó con calma, recogiendo del suelo una pequeña prenda de encaje negro: su tanga. La sostuvo un instante entre los dedos, la acercó a su vagina para limpiarse con ella aquel líquido de deseo que escurría por sus piernas, y sonrió con una mezcla de ternura y picardía. Luego la apretó suavemente entre sus manos, como si quisiera capturar el recuerdo de la noche, el aroma, el calor, y ...
... caminó de nuevo hacia la cama. Sin previo aviso, le arrojó la prenda a Ismael, que la atrapó con un gesto lento, casi reverente. —Sé que te tocas con mis tangas —le dijo con una sonrisa traviesa, casi en un susurro—. Así que te regalo esta… para que no me olvides. —¿Puedo preguntarte algo? —dijo él, con una sonrisa un poco culpable. —Lucas, claro —respondió ella sin mirarlo, sabiendo ya que la pregunta vendría con carga. —¿Cómo supiste… que yo te deseaba desde hace tanto? Rosanna sonrió suavemente y al fin giró el rostro hacia él. Se tomó un segundo. Luego otro. —Digamos que… hay cosas que una mujer nota —dijo, en tono bajo—. Las miradas que duran más de lo necesario. El temblor de las manos cuando se acercan. Y… detalles pequeños. Ismael la miró, curioso. —¿Detalles? Ella se inclinó hacia él, su voz ahora un susurro. —Cada vez que venías a ayudarme con algo en la casa… mis cajones no quedaban como los dejaba. Y algunas tangas y bragas quedaban con rastros de tu semen. Lo notaba. Él enmudeció por un instante, pero ella lo detuvo con una sonrisa y una mano en el pecho. —No te estoy juzgando —dijo, firme—. ¿Quieres la verdad? Me hacía sentir deseada. Viva. Ismael tragó saliva. —¿Y… te molestaba? —¿Crees que si me hubiera molestado… estarías aquí, desnudo, compartiendo mi cama? Ambos rieron suavemente, pero el ambiente no perdió su carga. Se acercaron despacio, como si el recuerdo de lo no dicho, lo intuido y lo callado los ...