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Eris
Fecha: 07/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
Cristina era una destacada perfiladora criminal en la policía rural, capaz de detectar patrones donde otros sólo veían caos. Pero a sus casi cincuenta años, estaba cansada. Amargada. Había dejado de creer en el poder de la mente para cambiar algo, y se arrastraba por los casos como quien atraviesa una tormenta sin paraguas: en silencio, sin ilusiones, con la ropa siempre empapada. El día fue extraño, a más no poder. Nada sucedió como en los manuales. No hubo persecución, ni informes previos, ni alertas. Solo un niño que caminó solo hasta la estación de policía, a Cristina le correspondió atenderlo. Le dijo que venía a confesarse. Así, sin más. Eris tenía una inteligencia increíble, Cristina lo percibía, pero lo que más desconcertaba era su mirada: una mezcla de calma, crueldad y algo que no encajaba con su cuerpo infantil. Cristina no sabía cómo explicar lo que sentía viéndolo. Era como observar una pintura antigua que uno no puede dejar de mirar, aunque no sepa si representa belleza o algo perverso. No opuso resistencia. No le correspondía tener un abogado. Solo habló con ella. Y Cristina, contra todo procedimiento, accedió. No lo interrogó. No lo presionó. Solo lo escuchó durante horas, mientras él relataba, con espeluznante detalle, un hecho que ningún niño de su edad debía conocer: el incendio de la granja de los Marín. Él afirmaba ser el responsable. Pero no había pruebas. Ninguna. No había ninguna evidencia que lo vinculara, no había evidencia física, no ...
... había testigos. Incluso las fechas no cuadraban. Y, lo más inquietante: nadie sabía quién era. Cristina buscó durante días, tal vez semanas. Revisó bases de datos nacionales e internacionales. Habló con hospitales, escuelas, registros civiles, programas de protección infantil. Viajó a las zonas que él mencionaba en su historia. Nada. Ni rastro. No había padres, no había dirección, no había apellido real. Ni una sola persona lo reconocía. Cuando se lo preguntaba directamente, él solo decía: —No tengo casa. Y se quedaba en silencio. Al final, no había forma legal de retenerlo. Los fiscales no sabían qué hacer. El caso era demasiado extraño, sin fundamentos, sin contexto. Muchos lo tomaron por loco, otros como víctima de algún abuso aún sin descubrir. Pero Cristina… Cristina no pudo dejarlo ir. Y aunque no lo entendía del todo —ni antes ni ahora—, tomó una decisión que sellaría su destino: se hizo cargo de él. Firmó papeles que no deberían haberse firmado. Alegó razones humanitarias. Mintió un poco. Calló mucho. Se lo llevó a casa. La llegada a casa fue silenciosa. No hubo preguntas. Cristina no tenía respuestas para darlas, ni siquiera para sí misma. Condujo hasta las afueras del pueblo, hasta esa casa aislada que alguna vez le pareció segura, pero que ahora, con Eris en el asiento trasero, parecía contener menos certezas que nunca. Su hija, Laura, de quince años, estaba en casa. Siempre lo estaba. Era una adolescente introspectiva, inteligente a su manera, ...