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La puerta con llave - Parte 2
Fecha: 08/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... ropa? Francoise se acercó. Muy cerca. Como si hubiera otras personas en la habitación y no quisiera que la oyeran. Como si el secreto no fuera lo que decía, sino el modo en que lo decía. Su aliento rozó la piel de Louis. No era cálido. No era frío. Era preciso. Su voz fue apenas un susurro. Pero no tembló. —Dentro de esa puerta... te voy a enseñar mi desnudez. Y no dijo más. No explicó. No prometió. No invitó. Solo dejó que la frase quedara suspendida, como una prenda colgada en el aire, esperando que alguien la tocara sin saber si debía hacerlo. La joven le había susurrado la hora como si fuera un conjuro: medianoche, ala oeste, al final del corredor. Frente a la puerta, ella estaría allí. Esperando. Sin margen para el retraso. Louis sintió el llamado como un latido urgente. Se encerró en su habitación, dejó caer la ropa y entró a la regadera. El agua no lo enfriaba; lo preparaba. En su mente, Francoise se deslizaba fuera de sus prendas con una coreografía silenciosa, de espaldas, envuelta en encaje que parecía tejido con intención. Le pedía que desabrochara el sujetador, pero que no rompiera la pose. Que lo hiciera con reverencia, como si cada broche fuera un secreto revelado. Al caer la prenda, el contorno de sus pechos se insinuaba como una promesa. Louis imaginaba el trazo de la piel, el temblor de lo oculto que se asoma. El jabón en sus manos ya no era limpieza, era rito. Cada caricia sobre su cuerpo era una réplica de lo que deseaba hacer con ...
... el de ella. La fantasía lo conducía: Francoise bajaba lentamente la última barrera, revelando la curva firme de sus caderas. Se arrodillaba, no como súplica, sino como entrega. Esperaba. Louis la contemplaba como quien observa una obra sagrada: su cuerpo, su gesto, su misterio. Ya no estaba en la ducha. Estaba en la habitación, frente a esa diosa que lo miraba con hambre contenida. “Abre la boca”, le decía él en su mente, y ella obedecía con lentitud, con fuego en los ojos. “Dámela, Louis”, pensaba él, mientras su cuerpo se rendía al vértigo de un gran orgasmo. Francoise lo espera en silencio, erguida frente a la puerta sin cerrojo. La túnica negra cae sobre su cuerpo como una sombra viva, ocultando sus formas pero insinuando su presencia. Parece una sacerdotisa detenida en el umbral de un rito antiguo. A sus pies, las velas encendidas dibujan un corredor ardiente que conduce hacia lo desconocido. Louis llega con el aliento entrecortado, unos minutos tarde. —Obvio —piensa Francoise, sin sorpresa. —Llegas tarde —dice, sin levantar la voz. Louis intenta explicarse, pero ella alza el dedo índice y lo posa sobre sus labios. No hay ternura en el gesto, solo una orden silenciosa. —No importa. Ya estás aquí. Francoise se coloca frente a la puerta. Su voz, grave y clara, pronuncia una palabra que parece abrir algo más que madera: —ἐπιθυμία (epithymía). El suelo tiembla bajo sus pies. Se oyen engranajes, poleas, cadenas. Un chirrido largo, como si el ...