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LNE (11). Ungüento de colibrí
Fecha: 12/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
La nueva escuela Capítulo 11. Ungüento de colibrí Era lunes. De esos lunes en los que hasta el sol parece llegar con síndrome post-findesemanal. O resaca. El colegio Blissot amanecía más revuelto de lo habitual. Los pasillos olían a bizcocho de algarroba, los niños llevaban pequeños cartelitos de bienvenida en un inglés dudoso y Pilar y Nuria, la directora, coordinaban todo con su habitual eficiencia pasivo-agresiva. —Va a llegar en cualquier momento —anunció Nuria con solemnidad frente al claustro de padres disponibles—. Viene del Blissot de Bratislava. Un colegio ejemplar. Están muy avanzados allí: educación emocional, mindfulness en latín e iniciación a la danza postmodernista a los tres años. —¿Y cómo se llama el chico? —preguntó Maribel, mientras rociaba con desinfectante una silla por quinta vez. —Lubomír. Tiene once años. Le gusta la apicultura, la poesía y el heavy metal húngaro —dijo Pilar, como si leyera el horóscopo, consultando sus notas. César miró a Inés y susurró. —¿Esto es real o es otro performance del colegio? —Si es una performance, ojalá se caiga alguien —contestó Inés, con la mirada brillante como quien se prepara para ver cómo arde Roma. Cuando el minibús blanco aparcó en la puerta del colegio, todos miraron por las ventanas acercaron con curiosidad. *** Del vehículo descendió una figura diminuta, con gesto solemne, un traje de cuadros un poco anticuado, y una pequeña maleta con pegatinas de abejas. —¡Silencio, por ...
... favor! ¡Va a entrar el alumno de intercambio! —gritó Lluvia desde el centro del gimnasio, mientras sostenía una pancarta que decía "Bienvenido, Lubomír", decorada con mandalas y una abeja dibujada con témperas. La expectación era moderada, pero el morbo era alto. No todos los días llegaba un niño de once años desde la Escuela Primaria Experimental Blissot- Ludimirská, de Bratislava.. —¿Seguro que habla castellano? —preguntó Marian, con voz preocupada, mientras cortaba papel reciclado en forma de mariposas. —Según la ficha que mandaron por fax, sí —dijo Pilar, hojeando de nuevo sus notas con ceño fruncido—. Aunque hay una parte en cirílico que dice algo como "supervisor de insectos". Debe ser una costumbre de allá. Entonces se abrieron las puertas del gimnasio y entró el niño. O eso creyeron. —¿Ese es… el alumno? —preguntó Cristina, bajándose las gafas de sol. —Ese es Lubomír, sí —afirmó Pilar, sin titubeos. Era… inusualmente compacto. Vestía un uniforme de colegio ligeramente anticuado y llevaba una pequeña maleta con pegatinas de colmenas y un ojo que todo lo veía. Tenía bigote. No un bozo incipiente. Bigote. También una voz gutural que dijo: —Buenos días. Soy alumno de once años. Me gustan abejas. Gracias. Silencio. Luego, un tímido aplauso. —Esto es oro puro —murmuró César. *** Lubomír —así, sin apellidos— fue asignado a la clase Girasol, la misma de Sergio, el hijo de César. Y aunque al principio sus compañeros le miraban como quien ...