1. Tenía la almejita ardiendo...


    Fecha: 12/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Rosa rosaesp, Fuente: CuentoRelatos

    Hola. Me llamo Rosa, tengo 24 años y soy de Madrid (España). Tengo un cuerpo rellenito, pero armonioso. Mis pechos son grandes (uso la talla 100 de sujetador), redondos y con unos pezones también grandes. Mi trasera también es redonda, rotunda y ha experimentado las delicias del sexo anal. Tengo novio y le quiero, pero el verano pasado tuve una experiencia que me hizo ver que muchas veces el sexo no tiene nada que ver con el amor.
    
    Era monitora en un campamento en Granada. Mi novio inicialmente iba a haber asistido también como monitor, pero un trabajo de última hora le retuvo en Madrid. Yo no soy una ninfómana, pero tampoco una estrecha. Llevaba 8 días sin nada que llevarme a mi almejita y últimamente me daban unos subidones… No podía follar con nadie del campamento, pues todos eran amigos míos y de mi novio y me daba corte y no me lo planteaba.
    
    Deseaba llegar a Madrid para darme una buena juerga con mi novio, pero no sabía si iba a poder soportar los 7 días restantes de campamento. Para desfogarme un poco me levantaba todas las mañanas a las 5 y media, me ponía un bikini deportivo, un pareo a la cintura y me andaba 4 kilómetros hasta una laguna que había. Me pegaba un chapuzón helado y me volvía al campamento con el tiempo justo para el desayuno.
    
    Esa mañana acababa de bañarme y no llevaba andados ni 500 metros cuando por la carretera apareció un Land-Rover un poco destartalado. Me rebasó y paró unos metros más adelante. Se abrió la portezuela de detrás y salió un ...
    ... chico de unos 25 años.
    
    ―¡Guapa! Si vas para el campamento te llevamos que vamos de paso.
    
    ―Normalmente no habría aceptado, pero había bajado mis calores un poco y ese día no me apetecía mucho andar.
    
    ―Bueno -contesté- pero os voy a empapar el coche.
    
    ―No importa, que al verte ya casi lo hemos empapado nosotros.
    
    El requiebro me hizo sonreír y me acomodé en la trasera con el chico que me había hablado. Los dos eran morenos, fuertes y el conductor llevaba una perilla muy bien cuidada. La primera mirada del chico de la trasera -se llamaba Esteban- fue para mi pecho. Los pezones, por el frío del baño, estaban duros y se marcaban una enormidad en el top de mi bikini. Esa mirada al principio me incomodó, pero luego me fije en el bulto que se marcaba en sus vaqueros. Entonces noté como me iba volviendo el calentón. Notaba como en lo más profundo de mi vagina empezaba a derramarse algo. “Dios mío -pense- voy a hablar de algo intrascendente porque si no me va a dar los siete males”.
    
    ―¿Qué?… ¿Vais al trabajo?…
    
    ―Si, claro… -contestó Esteban. Me echó una mirada más profunda a mis tetas y…- Oye… vaya pedazo de tetas que tienes.
    
    Normalmente, en Madrid le hubiese soltado a cualquiera una torta y mi novio dos, pero no estaba en Madrid ni mi novio estaba allí. Y mientras la respiración se me hacía más jadeante y una riada de calor húmedo me empezaba a descender por la abertura vaginal, le respondí lo que nunca creí que habría respondido.
    
    ―¿Te… te… gustan?
    
    ―Claro, son ...
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