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Lo que el gimnasio endurece
Fecha: 13/08/2026, Categorías: Hetero Autor: Angel Perverso, Fuente: CuentoRelatos
Yo sabía que en el gimnasio se desarrollaban muchos músculos, pero desde luego no esperaba que el “músculo” también fuese a ejercitarse. La vida sedentaria del estudiante había hecho efecto en mi cuerpo, había engordado un poco y me sentía algo incómodo en mi propio cuerpo, por lo que una vez me hice el ánimo, me apunté a un gimnasio, a ver si conseguía gustarme a mi mismo. La verdad es que, para ser sincero, no me gusta demasiado ir al gimnasio. Lo encuentro aburrido, monótono, e incluso me siento observado por la gente que se pasa allí horas, que miran a los que son normales, como yo, por encima del hombro. Menos mal que en una ocasión pasó algo que me invitó a seguir yendo. Suelo ir por las noches antes de la hora de cenar, ya que, aparte de estudiar, estoy haciendo unas prácticas, y es el único momento que puedo dedicarle a mi cuerpo. La rutina siempre es la misma. Llego, voy al vestuario, me cambio y dejo mis cosas en la taquilla. Después voy a por mi cartulina que me indica que tengo que hacer, y allí voy, a quemar calorías. Cuando termino las tareas del día, vuelvo al vestuario, me ducho, y a veces, voy unos15 minutos al jacuzzi, y una vez recogido todo, me vuelvo a casa a descansar después de un día bastante intenso. Pues bien, una de mis muchas noches allí, como era habitual no había prácticamente nadie, de hecho, solo estaba el encargado, un hombre fuerte que nunca habla más de lo necesario, y una chica que no iba mucho, pero que era imposible que pasase ...
... desapercibida a los ojos de nadie. Se llamaba Andreina, pelo castaño, ojos marrones, y con una personalidad que junto con un cuerpo bastante atractivo, con pechos turgentes y un culito respingón, que hacía de ella una chica más que interesante. La verdad es que con ella no había cruzado más palabras que no fuesen “hola” “ciao” o alguna sonrisa de esas que se ponen para quedar bien. Hice mis ejercicios, y una vez finalizados, me fui al vestuario, dispuesto a recompensar mi esfuerzo con una buena sesión de jacuzzi, ya que ese día le había dado muy fuerte y la verdad es que mi cuerpo estaba bastante cansado. El vestuario estaba vacío, solo estaba yo, como era habitual a esas horas, así que me desnudé, me duché para quitarme el sudor, y me encaminé a una pequeña habitación contigua donde está el jacuzzi, donde, tras pulsar el botón de encendido, entré a disfrutar del agua caliente y de las burbujas. Me recosté y, relajado, cerré los ojos, viendo mentalmente lo que había hecho durante el día, y repasando lo que tenía que hacer el día siguiente. Ahí estaba yo sumido en mis pensamientos, del que me sacaron el sonido de unos pasos que se acercaban. Abrí los ojos muy lentamente y ante mi había una silueta, que desde luego no era masculina. Estaba de espaldas a mí, cubriendo su cuerpo con una toalla blanca, y en un momento que se puso de perfil, vi que era Andreina. Ella al verme se sorprendió y dio un gritito de susto, pero al reconocerme se calmó, ya que aunque poco, nos ...