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Lore: Mis inicios V
Fecha: 15/08/2026, Categorías: Incesto Autor: LorenaMx, Fuente: TodoRelatos
Capítulo 5 – Se derribaron las barreras Pasé el pulgar suavemente por la cara interna de su muslo, solo un instante, y luego me levanté. —Ya es tarde… deberías ir a dormir. Al pasar frente a ella, dejé que mi mano rozara su mejilla, muy despacio. No dije nada más. Subí a mi habitación con el corazón acelerado y la certeza de que lo que había pasado aquella noche no había sido un simple sueño. Y con la peligrosa sensación de que esto… apenas estaba empezando. Pero… ¿qué estaba haciendo? ¿En qué maldito momento había cruzado esa línea? La pregunta me golpeó en la mitad del pasillo. ¿Acaso yo había buscado ese contacto… o ella me había estado provocando desde antes, como queriendo saber hasta dónde podía llegar conmigo? Y entonces me sacudí a mí mismo por dentro:pero si es mi hija… mi hija. El peso de esa palabra caía sobre mí como una losa. No podía negarlo: mi cuerpo había reaccionado con un calor que me quemaba la piel. La firmeza que sentí al dejarla atrás no era algo que pudiera fingir. Y lo peor, las imágenes regresaban una y otra vez cada vez que cerraba los ojos. Subí los últimos escalones con la respiración alterada. La erección me acompañó todo el camino hasta la habitación, una presión insistente que no lograba ignorar. Pensé en aliviarla con mi esposa, como otras veces… pero esa noche, ella estaba ya acostada de lado, con la espalda hacia mí y un "estoy cansada" que cerró cualquier intento. Me quedé un momento en silencio, mirándola. Sentí ...
... algo entre frustración y vacío. Así que me levanté, fui al baño y encendí mi celular. No sé qué me llevó a hacerlo, pero cuando abrí el buscador, mis dedos escribieron algo que jamás habría imaginado buscar. Esa noche, por primera vez en mi vida, vi un video que llevaba la etiqueta "padre e hija". No duré mucho mirándolo. Lo cerré casi de golpe, como si apagar la pantalla borrara lo que acababa de pasar… pero no lo hizo. A la mañana siguiente, traté de fingir normalidad. Bajé a la cocina y ahí estaba ella, de espaldas a mí, agachada frente a un estante bajo, buscando algo. Llevaba el uniforme de la escuela: una falda tableada color gris que, al estar inclinada, dejaba ver más de lo que cualquier padre debería notar. La blusa blanca, entallada en la cintura, remarcaba el contorno de su espalda y el movimiento de su respiración. El moño del cuello estaba ligeramente torcido, y el cabello recogido en una coleta alta dejaba a la vista la línea de su cuello, tersa, joven. Sentí una punzada extraña, un cosquilleo que recorrió mi abdomen. Era como si, de pronto, estuviera viendo a una chica cualquiera… pero no lo era. Y esa certeza lo volvía todo más peligroso. Me acerqué para pasar detrás de ella y, sin pensarlo demasiado, apoyé una mano firme en su cintura para hacerla a un lado. No fue un contacto brusco, pero tampoco fugaz: se quedó ahí un segundo más de lo necesario. Ese segundo bastó para notar cómo su respiración cambió, y juraría que su postura se tensó ...