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Los placeres de Elisa
Fecha: 15/08/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Eunoia, Fuente: CuentoRelatos
Elisa estaba tumbada boca abajo. La doble duna de sus nalgas se elevaba con la redondez atractiva de una fruta tropical. Las piernas ligeramente separadas en un ángulo de pocos grados; las plantas de los pies brillando en su palidez sobre la arena color beige. Aunque Elisa se encontraba bajo la fresca sombra de una gran palmera datilera, los rayos del sol despedían un fuerte calor, que irradiaba de cada centímetro de la playa nudista donde estábamos. Me acerqué por detrás, disfrutando de la visión de sus rotundos glúteos, firmes y esféricos. Por la sombra que proyectaba mi cuerpo, Elisa se percató de mi presencia. Se giró y su sombrero de fieltro se resbaló, cayendo sobre la arena. Sus cabellos rubios se convirtieron en una cascada que resbaló por su flexible y joven espalda curvada. Me sonrió y apartó el pelo, dejándolo caer sobre uno de sus finos hombros de diosa griega. —Te lo has depilado del todo —me dijo, clavando su mirada en mi sexo. Sonreí a mí vez; me acababa de rapar el vello púbico, efectivamente y bajo mi monte de Venus destacaban claramente los labios vaginales gruesos y sobresalientes. Como la forma de mis muslos era ligeramente abierta, como una jinete, eran una clara diana para los ojos de cualquiera que mirase. —Ven, túmbate; me estaba aburriendo. Yo me acerqué por detrás de ella, me agaché y me dejé caer sobre su espalda. Elisa emitió un chillido seguido de un agudo: “oye, ¡pero, qué te has creído!” Yo le hice cosquillas y las dos nos ...
... echamos a reír estruendosamente. Yo tenía mi sexo sobre sus cálidas nalgas. Ella palmeó las mías. Miré alrededor y vi que había tres personas más en la playa a aquella hora; a lo lejos una figura bajo una sombrilla, y a unos veinte metros una pareja jugando con un balón de colores llamativos. Le acaricié los hombros y el cuello. —Me gusta -ronroneó-. Continúa. Continúe bajando por sus vértebras. Elisa seguía con sus leves ronroneos. —Se me cae la bajita, ji,ji,ji —dijo en un susurro. Yo me incliné, dejando que mis tetas volvieran a descansar sobre su espalda y le besé el nacimiento del cabello. Inmediatamente, se le puso piel de gallina. —Uhmmm —musitó. Me dejé caer, frotando mi cuerpo en el suyo. Eché un vistazo en todas direcciones; no había novedades. Me arrodillé y seguí acariciando, ahora ya sobre el suave culo de Elisa. Me estaba excitando cada vez más. Veía la sombra de mis pechos balanceándose sobre su espalda, y eso me subía los grados de deseo sexual. Jugué recorriendo el canal entre los cachetes y magreando las carnosas esferas. Elisa se movió sobre la arena abriendo las piernas. —¿Es una invitación? —le dije riendo. —Ajá —contestó levantado la cabeza, con los codos apoyados en la arena y echando un vistazo alrededor. Luego la giró y se quedó mirando mis tetas. Sus labios y sus ojos brillaban lascivamente. Volvió a tumbarse y abrió un poco más las piernas. Yo palmeé el culito con las dos manos y le acaricié las dos partes; besé uno y otro ...