1. Me convertiste en mujer, mi virginidad anal será por siempre tuya


    Fecha: 17/08/2026, Categorías: Transexuales Autor: GenovevaSexy, Fuente: CuentoRelatos

    Te vi a los ojos mientras te acariciaba al cabello y sonreía en erótico enamoramiento. Tu cuerpo encima del mío, sofocándome. Desnudos los dos, solos, en secreto, en clandestino encuentro. Podía ver mis sensuales pies de princesa como tocando el cielo mientras mis torneadas, suaves y depiladas pantorrillas abrazaban tu espalda alta, a la vez que mis rodillas sentían el cosquilleo de los vellos de tus axilas.
    
    Me mirabas con tus ojos seductores recorriendo todo mi rostro, saboreabas mis labios en la distancia provocando sádicamente que quisiera que me los mordieras de deseo. Disfrutabas el momento sabiendo que habías vencido todas mis excusas, todos mis temores y al fin era tuya. Habías logrado al fin que olvidara mi hombría y que decidiera entregarme a ti y te obsequiara la inocencia de mi esfínter anal para que lo conservaras como un trofeo; una muestra de tu triunfo como señor y soberano de mi cuerpo, tanto de fuera como dentro de él.
    
    Mientras mis redondas y robustas nalgas sentían muy cerca el vapor caliente que emanaba de tu delicioso miembro, supe que apenas faltaban unos segundos para que rompieras el sello de castidad de mi ano.
    
    En ese momento, vinieron a mí muy rápidamente los recuerdos: tú me escribiste por vez primera diciéndome que habías leído mis relatos y que te gustaban. Yo me había ruborizado pues me sentí tan bien que alguien me pusiera atención. Yo, una simple y tonta nena travesti de closet, quien debido a un mísero e insignificante micropene ...
    ... comencé muy temprano en mi juventud a fantasear con ser una princesa en vez de hombre; escondida tras la fachada de un individuo común, pero por dentro con la necesidad de ser protegida, feminizada, dominada y atender los deseos de alguien que me vistiera de mujer y me hiciera saber que debo ser de él.
    
    Llevado únicamente por el apetito sexual que me provocas, te respondí pidiendo una foto. Me moría de ganas por ver un miembro. Y allí fue, en ese correo, mientras veía esa imagen de tu verga que sin duda habías masturbado hasta agotarla pues en su punta deliciosamente emanaba una prueba de semen, que supe que había llegado el momento de entregarme, transformarme en esclava y que únicamente podría sentirme realizada al ser penetrada y poseída por ti.
    
    Nunca olvidaré la locura que me embargó al comprar esos zapatos color piel, destalonados y de pequeño tacón, que al amarrar su pequeña hebilla por mi talón me excitaron al sentir mis pies en ellos. O como ese vestido enfundó tan femeninamente en las curvas de mi cuerpo, resaltando mis caderas, cintura y posaderas, a la vez que llegaba muy arriba de las rodillas mostrando sensualmente mis piernas.
    
    Recuerdo cómo concertamos por correo esa cita, cómo te confesé que quería vestirme cómo una nena y entregarme a ti sin refrenar en nada nuestra pasión y tú me lo exigiste y describiste cómo debería yo obedecerte y vestir para ti. También recuerdo cómo viajé hasta tu ciudad, el hospedarme en ese hotel, maquillarme, rizar mis pestañas, ...
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