-
Me convertiste en mujer, mi virginidad anal será por siempre tuya
Fecha: 17/08/2026, Categorías: Transexuales Autor: GenovevaSexy, Fuente: CuentoRelatos
... peinar esa peluca pelirroja hasta los hombros y verme al espejo tan elegante, tan mujer, tan femenina, tan deseosa de ti. Me sinceré conmigo misma ante esa imagen reflejada: “mereces que alguien te penetre rico y que te complazca hasta dejarte cansada” me dije. Llamaste a la puerta de la habitación. “¿Genoveva?” preguntaste sorprendido de ver a la sensual doncella que te invitaba a pasar. Me tomas te de la mano. Nos vimos a los ojos “¿Mi Amo José Luis?” te respondí, y allí fue que besé a un hombre por primera vez. Me entregué con fogosidad a ese beso, era el primero. Mi lengua se entorchó a la tuya degustándola. Nos separamos, nos sentamos en el sillón y hablamos largamente como dos enamorados. Tomaste mi pierna, la acariciaste y desamarraste la cinta de mi zapatilla destalonada y me la quitaste. Me besaste enardecido, perdí la consciencia de mí y me abandoné a tu voluntad. Lentamente me desnudaste. Al quedar vestida solo en lencería, toqué por vez primera tu enorme, gordo y delicioso miembro por debajo de tu pantalón, lo apreté con la mano y te rogué implorándote: “José Luis: Penétrame, hazme mujer, mi culo ya no desea esta virginidad que me estorba, estoy cansada de ella, soy tuya, te lo suplico, te lo pido por favor”. Regresé a la realidad. Tu y yo desnudos, ardientes sobre la cama, tu sobre mí. Noté como tu cadera se empinó para tomar impulso y tu colosal pene comenzó a abrirse camino separando mis nalgas, llegando a mi agujero que estaba empapado y forzándolo ...
... empezaste a entrar en mí. Cerré los ojos, gemí y sentí un dolor incalculable. Como una punta de flecha, tu órgano, duro como una barra de acero hirviente, rasgó las fibras de mi ano, separándolas dolorosamente. Sentí como la cabeza de tu verga desgarraba mi virginidad anal. Mi recto envolvió el glande de tu miembro que pulsaba estando ya dentro de mí. Lágrimas de dolor y placer salieron de mis ojos. Sonreíste, me las secaste con las manos y me besaste. “Tu virginidad es del pasado” me dijiste. “Prepárate, voy a entrar más”. Gemí, sujeté las sábanas con las manos, grité y lloré al sentir el cuello de tu falo atravesando inmisericorde desde la puerta de mi ano hasta el fondo de mi recto. Fue un tiempo eterno, tanto porque lo hiciste muy lentamente, como porque su delicioso tamaño prolongó el deleite de sentirte al fin dentro de mí. De pronto, sentí los vellos de tus testículos en mis nalgas. Habías entrado todo. Sudábamos. Tus gotas caían en mi cara y yo sentía esa lluvia con gozo. Era un manjar completo. Al fin me sentía mujer por dentro y por fuera. No pude entender en ese momento por qué había tardado tanto en permitirme sentir esa delicia. Sonreíste con malicia. Ambos sabíamos que a partir de ese instante yo nunca dejaría de ser tu esclava sexual y mis deseos estarían siempre sometidos a los tuyos. Tomaste ritmo, entrando y saliendo de mi culo deliciosamente. Perdí la noción del tiempo, estaba enloquecida. Cuando me di cuenta ya no entraba luz por las ventanas, ...