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Verónica, la mujer peluda de la quinta en Cuetzalan
Fecha: 18/08/2026, Categorías: Fetichismo Autor: Faridlmm07, Fuente: CuentoRelatos
... Olía a tierra mojada, copal y madera vieja. Me llevó a una sala donde había un foco colgando, cubierto por una pantalla grande de papel. —Se fundió. Voy a cambiarla —dijo mientras se paraba justo debajo y alzaba ambos brazos para quitar la pantalla. Allí estaba de nuevo. Las axilas más peludas y hermosas que había visto. Mojadas. Oscuras. Naturales. Sentí que se me aceleraba el corazón y la verga se me endureció al instante. Ella se dio cuenta. —¿Puedes alcanzarme la caja con focos? Está ahí, a mis pies —dijo sin bajar los brazos. Me agaché, y al hacerlo, quedé justo frente a sus piernas abiertas. Desde ahí vi la entrepierna de sus shorts: el borde estaba deshilachado, pero más allá vi unos pelos que salían hacia los lados, marrones, gruesos, claramente no llevaba ropa interior. Me quedé helado. —¿Por qué tardas tanto? —dijo en tono suave. —Perdón —balbuceé. —¿Te distrae algo, muchacho? Levanté la vista. Me sonreía. No era burla, era algo más… algo que decía “lo sé”. —¿Te gustan mis pelos? —preguntó, sin cambiar el tono. Asentí. No podía negarlo. Me temblaban las manos. —Sabía que sí. Desde el primer día que noté cómo me mirabas cuando subía los brazos. Caminó hacia mí. Yo seguía agachado. Me tocó la cabeza. —¿Has lamido alguna vez una axila? Negué. No podía ni respirar. —Entonces empieza. Levantó un brazo, lo colocó detrás de mi nuca y me atrajo hacia su axila. El olor era fuerte, a sudor caliente, a mujer viva, a piel sin ...
... miedo. Hundí la cara allí y comencé a lamerle los pelos, primero con timidez, luego con hambre. Ella gemía bajo, suave, mientras yo la devoraba con la lengua, como si hubiera esperado toda mi vida ese momento. —Eso es… así me gusta —murmuró, presionándome más. Pasé al otro lado. Mis labios y mi nariz quedaron llenos de sus pelos mojados. Chupé con desesperación. Mi erección me dolía, el pantalón ya no podía ocultar nada. —Quítate la ropa —ordenó—. Toda. Obedecí sin pensarlo. Me quedé completamente desnudo frente a ella, jadeando. Verónica se quitó lentamente los shorts. No llevaba nada debajo. Lo que vi me dejó sin aliento: una selva espesa de pelos oscuros, espesos como musgo húmedo, que cubrían completamente su sexo y parte de los muslos. Jamás había visto algo así. —¿Nunca habías visto un coño con tantos pelos, verdad? Negué otra vez. Ella se acarició el monte de Venus con una mano y se separó los labios con la otra. —Ven, chúpame. Caí de rodillas. Hundí la cara en su entrepierna como si fuera a morir si no lo hacía. Llevé mi lengua hasta el fondo, separando pelos, mojándome con su sabor. No era solo lujuria, era una obsesión. Me perdí ahí, lamí, chupé, olí, mordí suave, acaricié los pelos de sus muslos, sus nalgas, su ano. —Así, muchacho… come como si fuera lo último —me dijo jadeando. La llevé al clímax con la lengua enterrada entre su monte y sus labios. Gritó. Se vino. Me acarició el pelo. —Ahora fóllame —susurró—. Pero quiero que ...