1. Verónica y Felipe jugando a ser hotwife y cuckhold


    Fecha: 21/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Jon Dom 50, Fuente: TodoRelatos

    El sol de la tarde se filtraba entre los edificios de la Colonia Roma, pintando las calles de un dorado cansado mientras Verónica caminaba junto a Felipe, sus pasos arrastrados por el agotamiento. El día en la universidad había sido una pesadilla: los susurros, las miradas furtivas, los teléfonos que se encendían con fotos que no deberían haber salido de su intimidad. Las manos de Verónica temblaban ligeramente, los dedos apretando el tirante de su mochila como si eso pudiera contener el nudo que le apretaba el estómago. Felipe, en cambio, caminaba con la mirada fija al frente, la mandíbula tensa, los labios sellados en un silencio que pesaba más que cualquier palabra.
    
    La casa de David, un departamento amplio en un tercer piso con vista a la calle de Orizaba, olía a café rancio y a limpiador de pisos cuando entraron. La puerta apenas había cerrado tras ellos cuando la voz de David los golpeó como un latigazo.
    
    —¡Por fin deciden aparecer! —La figura imponente de David, con los brazos cruzados y el rostro congestionado de ira, llenaba el espacio de la sala. Llevaba una camisa arrugada, como si hubiera pasado el día arrastrándose entre la frustración y la bebida. Sus ojos, oscuros como los de Felipe pero sin la sombra de duda que siempre habitaba en los de su hijo, se clavaron en Verónica con un desprecio que la hizo retroceder un paso—. ¿O es que ya no les da vergüenza mostrar la cara después de lo que hicieron?
    
    Verónica sintió el calor subirle por el cuello, ...
    ... quemándole las mejillas. Las fotos—sus fotos—habían circulado como pólvora: ella de rodillas, con los labios pintados de rojo obsceno alrededor de la polla de un desconocido en un antro de la Condesa, mientras Felipe, borracho y sonriente, observaba desde un sofá cercano. No era la primera vez que jugaban con la idea de que ella fuera unahotwife, que otros hombres la tocaran, la llenaran, mientras él miraba, pero nunca habían imaginado que saldría de su círculo. Queél se enteraría.
    
    —David, yo… —Verónica tragó saliva, intentando encontrar palabras que no sonaran a excusa—. No fue nuestra intención que esto trascendiera. Hugo no tenía derecho a—
    
    —¡Hugo?! —David soltó una carcajada amarga, avanzando un paso hacia ella. El olor a alcohol en su aliento era inconfundible—. ¿Y qué, ahora le echas la culpa al pobre desgraciado que solo hizo lo que cualquier hombre con dos dedos de frente haría al ver a unaputita como tú ofreciéndose en bandeja de plata? —La palabra la golpeó como un puñetazo, haciéndola tambalear—. ¡Mi hijo! —gritó, señalando a Felipe con un dedo acusador—. ¡Le hiciste esto ami hijo!
    
    Felipe, que hasta ese momento había permanecido inmóvil junto a la puerta, dio un paso al frente. Sus manos, normalmente quietas, se cerraron en puños a los costados.
    
    —Papá, basta —su voz sonó más firme de lo que Verónica había escuchado en meses—. No es culpa de ella. Fuemi decisión también. Yo estaba ahí. Yo la animé.
    
    David giró hacia él, los ojos inyectados en sangre.
    
    —¿Y eso ...
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