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Verónica y Felipe jugando a ser hotwife y cuckhold
Fecha: 21/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Jon Dom 50, Fuente: TodoRelatos
... lo hace mejor, Felipe? ¿Quetú también te rebajaste a ser el cornudo de turno de esta…? —Hizo un gesto despectivo hacia Verónica, como si no mereciera ni nombre—. ¿Sabes lo que están diciendo de ti? Que no eres hombre. Que no puedes satisfacer ni a tu propia novia. El silencio que siguió fue tan denso que Verónica sintió que podría ahogarse en él. Las lágrimas le ardían en los párpados, pero se negó a dejarlas caer. No aquí. No delante deél. —No es así —murmuró, aunque sabía que cualquier cosa que dijera sonaría a mentira—. Felipe y yo… nosotros solo estábamos explorando. No es que él no pueda— —¡Cállate! —David golpeó la mesa de centro con el puño, haciendo saltar un vaso vacío—. No quiero escuchar tus justificaciones dezorra arrepentida. Lo que hiciste fue una falta de respeto, Verónica. A él. Amí. A esta familia. Verónica sintió el peso de esas palabras como si le hubieran arrojado un cubo de agua helada.Familia. David siempre había sido estricto, posesivo incluso, pero nunca antes la había llamado así. Nunca antes había sonido tan…dueño. —Yo solo… —su voz se quebró—. Lo siento. David resopló, cruzando los brazos. —No me importa si lo sientes. Lo hecho, hecho está. Pero al menos podrías tener la decencia de disculparte conél. —Señaló a Felipe con la barbilla—. Mira cómo lo has dejado. Ni siquiera puede mirarte a la cara. Verónica giró lentamente hacia Felipe. Sus ojos, normalmente cálidos, estaban vacíos, como si alguien hubiera apagado la luz ...
... detrás de ellos. El dolor que le atravesó el pecho fue tan agudo que por un segundo creyó que se desmayaría. —Felipe, yo… —extendió una mano hacia él, pero él retrocedió, como si su toque lo quemara—. Lo siento. De verdad. No quería que nada de esto pasara. Felipe no dijo nada. Solo asintió, una vez, mecánicamente, como si estuviera siguiendo un guion que no entendía. David suspiró, pasando una mano por su rostro envejecido. —Bueno, al menos eso —murmuró, más para sí mismo que para ellos—. Aunque dudo que sirva de algo ahora. Verónica sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Ya no había nada más que decir. Nada que pudiera arreglar el desastre en el que se habían convertido sus vidas en menos de veinticuatro horas. Con las piernas temblorosas, dio media vuelta y caminó hacia la puerta. Cada paso le costaba un esfuerzo sobrehumano, como si llevara piedras atadas a los tobillos. Antes de salir, se detuvo. Miró a Felipe por última vez, buscando algo—cualquier cosa—que le dijera que esto no era el fin. Pero él seguía allí, inmóvil, con la mirada perdida en algún punto más allá de la pared. —Cuídate —susurró, aunque sabía que él no la escuchaba. La puerta se cerró tras ella con unclic definitivo. Dentro del departamento, el silencio se extendió como un manto sofocante. David se dejó caer en el sofá, el cuero crujiendo bajo su peso, y se llevó las manos al rostro. —Joder —murmuró, la voz quebrada por algo que no era solo ira, sino algo más ...