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El calor de la cuñada vulgar y sucia
Fecha: 23/08/2026, Categorías: Fetichismo Autor: Faridlmm07, Fuente: CuentoRelatos
El calor esa tarde era brutal. El ventilador del techo apenas movía el aire en la sala, y el bochorno parecía pegárseme a la piel como si me envolviera en sudor. Estaba de visita en casa de mi cuñada. Mi novia se había ido unos días con su madre, y yo me había quedado cuidando unas cosas en la casa de su hermana. Lo que no esperaba… era quedarme solo con ella. Marcela. Treinta y tantos. Morena, piel bronceada y húmeda por el sudor, con una actitud entre despreocupada y provocadora. Siempre había algo en ella que me inquietaba. Su forma de mirarme, de inclinarse cuando hablaba, o de caminar por la casa sin pudor, como si supiera exactamente el efecto que causaba. Aquella tarde salió del cuarto en un top gris ajustado y un short pequeño de mezclilla, pegado, desgastado… y sin sostén. Se notaba. Todo se notaba. El calor parecía afectarla tanto como a mí, y su piel brillaba por el sudor, sobre todo en su cuello, sus clavículas… y debajo de los brazos, donde no había rastro de rastrillos ni depilación. —¿Así que tú también estás derretido? —dijo, sonriendo, mientras se abanicaba con una carpeta vieja—. Yo ya me rendí. Se estiró frente a mí, levantando los brazos para recogerse el cabello húmedo. No pude evitarlo. Mi mirada bajó, como guiada por una fuerza más fuerte que la vergüenza: Sus axilas expuestas, oscuras, sudadas… y con vello natural, espeso, limpio, pero salvaje. Me descubrió viéndola. No dijo nada. Sonrió apenas, como si lo supiera desde el ...
... principio. —¿Te incomoda? —me dijo, bajando los brazos, aun sosteniéndome la mirada—. No me depilo desde hace meses. Me gusta sentirme libre. Me encogí de hombros, intentando disimular lo que me pasaba por dentro. Pero ella se acercó más. Lenta. Y se sentó en el mismo sofá que yo, a centímetros. Su sudor olía a cuerpo, a deseo crudo, a algo primitivo. —¿Sabes qué me dijeron una vez? Que a algunos hombres les excita esto —levantó el brazo con toda la naturalidad del mundo y lo estiró hacia atrás, como si se estuviera acomodando—. Que lo encuentran… provocativo. La vista desde ahí era brutal. Su axila abierta, húmeda, con el vello brillando con gotas de sudor. Me mordí la lengua. —¿Tú qué piensas? —preguntó bajito, girando la cabeza, el rostro cerca del mío—. ¿Te incomoda… o te gusta? No pude contestar. Algo en mí explotó. Me incliné, llevado por un impulso que no había sentido antes… y le besé el cuello, luego su hombro, y luego más cerca… más abajo… hasta que mi lengua tocó el borde de su axila. Su respiración se agitó. —Así que era eso… —susurró, llevándome la cabeza con una mano, como si ya lo supiera—. Te gustan… ¿las mujeres salvajes? Su olor me llenaba. El sabor del sudor mezclado con el calor del momento, su risa nerviosa, su respiración rápida. Yo no pensaba. Solo actuaba. —No le diremos nada a tu novia… si tú no quieres —dijo mientras me empujaba suavemente hacia atrás y se sentaba a horcajadas sobre mí, dejando que su top mojado por el sudor se ...