1. Pasión fetichista


    Fecha: 23/08/2026, Categorías: Fetichismo Autor: Fatmaster, Fuente: CuentoRelatos

    ... transformaba mi rostro en una máscara de poder anónimo. Y, con una capucha similar de látex negro, lubricó el traje para que se deslizara sobre mi piel, el crujido del material acompañando cada movimiento. que cubría cada centímetro de mi cuerpo.
    
    Sus botas integradas, guantes ajustados y una máscara con detalles metálicos me transformaron en una figura imponente. Y, obediente, me ayudó a enfundarme en el traje, lubricando el látex para que se deslizara sobre mi piel. Cada movimiento era una delicia sensorial, el látex crujiendo con cada roce.
    
    Después de dicho momento los fines de semana y vacaciones se convirtieron en rituales de pasión: follaba a la señora J mientras ella generalmente lucía un catsuit de látex brillante, botas altas y una máscara que dejaba solo su boca expuesta para besos intensos. A veces, conversábamos enfundados en nuestros trajes, el látex amplificando cada roce; otras, nos entregábamos al amor con una intensidad casi ceremonial. En dichas sesiones Y siempre estaba allí, observando o participando tímidamente, sus manos enguantadas explorando su propio cuerpo o, en ocasiones, el mío.
    
    Lamentablemente el tiempo, los estudios y las circunstancias nos alejaron. Años después, supe que la señora J estaba gravemente enferma. En cuanto supe lo anterior la visité y, aunque débil, seguía siendo una visión de poder, usando un corsé que parecía desafiar su fragilidad. Me habló de Y, pero sus palabras eran confusas. Para calmarla, me arrodillé y le ofrecí ...
    ... un cunnilingus, un último acto de devoción que la hizo suspirar de placer. Nos despedimos con una promesa tácita de recordar aquellos días, visitándola cuando podía Semanas después, supe de su fallecimiento.
    
    Acudí al velorio vestido con una camisa negra y un pantalón de cuero, un homenaje discreto a nuestra historia. Allí conocí a la otra hija de la señora J, una mujer elegante que solo había escuchado su existencia de palabra, ella me recibió con un atuendo que evocaba a su madre: un traje de cuero negro impecable, botas altas de plataforma, guantes largos de charol que le daban un aire de dominatrix regia. Los dos hombres a su lado, vestidos con trajes negros y la atendían con devoción, en esa instancia vi a Y vistiendo de negro con gran aflicción, dándole un abrazo como consuelo, al que ella respondió efusivamente.
    
    Después del funeral, quedamos de reunirnos por un asunto sin determinar en el apartamento de la señora J, al rato de nuestra conversación, después de confesarle la peculiar relación tenía con su madre, con una sonrisa que evocaba a la señora J, me confesó ser una dominatrix profesional. Luego, me reveló algo inesperado: su madre me había dejado una herencia. Sorprendido, aseguré que no necesitaba nada más que los recuerdos, pero ella insistió. Me entregó un documento legal que detallaba la herencia:
    
    Esta incluía la colección de ropa fetichista: decenas de capuchas de cuero y látex, desde diseños minimalistas hasta piezas ornamentadas con tachuelas y ...