1. Así da gusto cerrar un negocio (2): Noche de tentaciones


    Fecha: 24/08/2026, Categorías: Hetero Autor: Outiss, Fuente: CuentoRelatos

    Después de aquella intensa mañana con María José, me quedé en la habitación del hotel. El cuerpo me pedía descanso. Me dejé caer sobre la cama todavía tibia por el recuerdo de su piel, y no supe más del mundo hasta cerca de las cuatro de la tarde.
    
    Desperté con el cuerpo aún adormecido, pero con una paz que pocas veces había sentido. Me di un duchazo largo, con el agua cayendo como lluvia tibia sobre mi espalda. Me vestí ligero, con lo primero que encontré, y salí hacia la playa, buscando un poco de brisa y algo frío para beber.
    
    Caminé descalzo por la arena unos minutos, hasta que encontré un bar pequeño justo a orilla del mar. Pedí una cerveza bien fría y me senté a ver las olas mientras el sol comenzaba a caer lento, tiñendo todo de dorado. Fue uno de esos momentos en los que la vida parece detenerse, y solo el sonido del mar, el sabor amargo del lúpulo y el recuerdo de un cuerpo encendido flotan en el aire.
    
    A eso de las seis de la tarde, mi celular vibró. Era María José.
    
    —¿Dónde estás, bebé? —preguntó con ese tono que ya conocía, mezcla de travesura y deseo.
    
    —En la playa, tomando algo tranquilo.
    
    —Perfecto. Esta noche vamos a rumbear. Te espero a las 9 en una discoteca cerca del malecón. Te mando la ubicación. No me falles.
    
    —Jamás —le dije, con una sonrisa que ella no vio, pero seguro intuyó.
    
    A las nueve en punto, llegué al sitio. La música se sentía desde la calle. El ambiente era caliente, tropical, con luces suaves y olor a ron y perfume caro. La ...
    ... vi de inmediato: María José estaba en una mesa junto a tres amigas, todas tan llamativas como ella, con ese aire de mujeres seguras, sueltas, que saben que llaman la atención.
    
    Me presentó con una sonrisa que decía más de lo que sus palabras podían. Ellas me miraron con una mezcla de picardía y complicidad, como si ya supieran más de la cuenta.
    
    Bebimos. Reímos. Bailamos como si nos conociera de años. María José se pegaba a mí con descaro, sus manos viajaban por mi espalda, su boca me susurraba cosas al oído que me hacían desearla otra vez. Bajo la mesa, sus dedos jugaban con los míos… Y a ratos con algo más.
    
    Parecíamos un par de adolescentes enamorados. Ella se reía, se mordía los labios, me abrazaba por la espalda. Yo estaba embobado. Entre canción y canción, sus labios buscaban los míos y sus manos buscaban mi verga con total descaro, yo no me cobarde si ella quería jugar así, yo también sabia jugar, le agarraba las nalgas, al ritmo de la música pasaba mis manos por su cintura hasta subir a sus pechos y su cuello para luego tomarla y besarla intensamente.
    
    Al final de la noche, sabíamos que el destino era uno solo: mi habitación.
    
    Nuevamente mientras el ascensor sube nos devorábamos descaradamente, incluso escandalizando a algunos que tuvieron el des fortunio de compartir ascensor con nosotros.
    
    Luego de entrar a la habitación, automáticamente fuimos a la cama, y María José me tiro literalmente al colchón. Yo solo la miraba mientras ella se despojaba lentamente ...
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