1. Así da gusto cerrar un negocio (2): Noche de tentaciones


    Fecha: 24/08/2026, Categorías: Hetero Autor: Outiss, Fuente: CuentoRelatos

    ... vaginalmente y seguí penetrándola intensamente.
    
    No paramos de gemir.
    
    —Ahí papi que rico, Dios como me enculaste, vamos sigue hazme venir nuevamente.
    
    – Tranquila ricura que aún no terminamos. Le dije yo mientras seguía penetrándola.
    
    Luego de un buen rato penetrándola intercambiando entre su vagina y culo, sabía que estaba por venirme, así que volví a penetrarla analmente y con mi ultimas fuerzas le enterré mi verga y descargué todo mi semen en sus entrañas.
    
    María José también estaba teniendo un orgasmo mientras yo vaciaba mis huevos en su culo.
    
    Caímos rendidos en la cama, nos besamos y ella se recostó sobre mi pecho diciéndome que le había dejado el culo algo adolorido pero muy satisfecho. Yo me dormí con una mano en su nalga y ella recostada sobre mí.
    
    La madrugada nos encontró entre sábanas, con los cuerpos enredados y el deseo aún latente. Hicimos el típico mañanero con la misma entrega de antes, pero de manera menos intensa y nos quedamos dormidos nuevamente.
    
    Cuando desperté algunas horas después, eran cerca de las 8am, el sol ya comenzaba a llenar la habitación. María José dormía desnuda a mi lado, su respiración era suave, su cuerpo cubierto por apenas una sábana blanca que contrastaba con su piel morena. Me levanté con cuidado, me puse una pantaloneta que estaba en el suelo, preparé un café y me senté en el sofá con la laptop a revisar correos y leer un poco las noticias.
    
    Al rato, ella se desperezó ...
    ... lentamente, como una gata perezosa. Se acercó a mí, todavía desnuda, y me dio un beso suave.
    
    —Buenos días, bebe… —dijo con voz ronca, todavía somnolienta—. Ya pedí desayuno a la habitación. ¿Dormiste bien?
    
    —Como nunca —respondí, devolviéndole la sonrisa.
    
    Mientras esperábamos el desayuno, me contó que en la rumba de anoche había quedado de verse con sus amigas para un paseo en yate ese domingo. Me miró de reojo, como tanteando mi reacción.
    
    —Quiero que vengas conmigo —dijo, como quien lanza un anzuelo—. Pero acabo de ver tu guardarropa y se nota que eres un oficinista.
    
    Reímos. Y sin dejarme dar opinión, me dijo que por la tarde íbamos al centro comercial.
    
    La lleve en su auto a su casa para que se cambiara de ropa, ya en la tarde como me había advertido fuimos directo a un centro comercial. María José tenía buen gusto, y no dudaba en darme órdenes suaves pero firmes mientras me ayudaba a escoger un par de camisas, bermudas color pastel y unas gafas de sol que, según ella, “me hacían ver menos ejecutivo y más tentador”.
    
    —Ahora sí pareces un hombre de playa… Uno con el que provoca perderse en el mar —dijo mientras me guiñaba el ojo.
    
    Yo solo pensaba en que ese fin de semana seguía siendo una historia que valía la pena escribir en esta página. Y si esta es de su agrado, seguiré contándoles en otro relato sobre ese domingo en el yate, que fue un completo deleite de placer y lujuria de mi parte con tal morena y sus amigas. 
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