1. ¿Me volví una perra por 50,000? – Parte 3


    Fecha: 25/08/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Fetichismo Infidelidad Autor: Arya la redactora, Fuente: SexoSinTabues30

    Desperté el domingo 22 de diciembre de 2024 con el cuerpo como gelatina y la cabeza en blanco. Eran las 7 de la mañana, el sol apenas entraba por la ventana, y yo estaba tirada en la cama, desnuda bajo las sábanas. Mis tetas, esas 36F gordas y pesadas, estaban más ligeras después de que ese cabrón me las vaciara anoche. Mi coño estaba sensible, los labios carnosos todavía hinchados de las 2 horas de verga que me metieron, y mis muslos tenían rastros secos de semen y mis propios jugos o al menos eso sentía. Me sentía tranquila, como si me hubiera quitado un peso de encima, pero algo me picaba dentro.
    
    La noche anterior había sido una locura. $50,000 por dejar que un desconocido me follara como zorra mientras me chupaba las tetas, más $5,000 de propina porque “le volé la cabeza”. Lo hice en mi propia casa, con Tooru y mi pequeño en el parque, y nadie supo una mierda. Me duché después, escondí el fajo de billetes en una caja de zapatos bajo la cama, y fingí que nada pasó cuando volvieron. Mi pequeño, mi cachorro de novio, ni sospechó; se sentó a jugar videojuegos mientras yo miraba a Tooru dormir, mis tetas aliviadas pero mi coño todavía palpitando de lo bien que me cogieron.
    
    Pero esa mañana, la calma se mezcló con culpa. Me levanté, me miré al espejo: cara ovalada con ojos grandes y labios carnosos, tetas enormes colgando, caderas anchas y un culo gordo que todavía tenía marcas rojas de las nalgadas de ayer. Mi piel satinada brillaba de sudor, y mi coño, con ese monte de ...
    ... Venus carnoso, me miraba como diciendo “¿qué hiciste, puta?”. No merecía esos $55,000, pensé. Ese dinero no era para mí; era para mi pequeño, el que no me toca, el que se pajea en vez de metérmela. Decidí dárselo poco a poco, sin explicaciones, como un regalo silencioso por ser tan inútil en la cama.
    
    Luego vino la idea del castigo. Si me había portado como zorra, tenía que pagar. Recordé una mierda medieval de una serie de rol que veía mi novio cuando era aún más chico: marcarse como ganado. Mi pequeño tiene un logo que usa para todo: un diseño estético, curvas afiladas con un corazón de dragón, algo que siempre me ha parecido bonito. Busqué alambre en el cajón de herramientas, lo moldeé con pinzas hasta formar ese logo, pequeño pero claro, como de 5 centímetros. Lo metí en un bowl con nitrógeno líquido que teníamos de un experimento viejo, cosas con fruta, y esperé a que se congelara, el metal humeando como si estuviera vivo.
    
    Me bajé los pants, dejé mi coño al aire, y me senté en una silla con las piernas abiertas. Mi monte de Venus temblaba, los labios gordos de mi chocha todavía sensibles de ayer. Agarré el alambre con una pinza, lo saqué del nitrógeno, y sin pensarlo mucho, lo presioné contra mi piel, justo arriba del coño. El frío quemó como si me arrancaran la carne; grité entre dientes, lágrimas saltándome, y lo sostuve unos segundos hasta que el dolor me nubló la vista. Cuando lo quité, ahí estaba: una marca rosada, perfecta, el logo de mi pequeño grabado para ...
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