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¿Me volví una perra por 50,000? – Parte 3
Fecha: 25/08/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Fetichismo Infidelidad Autor: Arya la redactora, Fuente: SexoSinTabues30
... siempre en mi cuerpo. Dolió como la mierda, pero lo merecía, pensé. No paré ahí. Fui a una tienda esa mañana, con Tooru en la carriola y mi pequeño al lado. Compré un collar de perro: cuero negro, una placa metálica con “Kat” grabado, y una correa desmontable. En casa, me lo puse frente al espejo, ajustándolo al cuello fino que siempre me han elogiado. La placa brillaba contra el cuero, y mis tetas gordas sobresalían debajo como si dijeran “mírame”. Le di la correa a mi pequeño sin decir nada, solo lo miré con esos ojos almendrados que sé que lo ponen nervioso. “¿Qué es esto?”, preguntó, frunciendo el ceño. No respondí; él vio el collar, la placa con mi nombre, y algo hizo clic. No dijo más, solo guardó la correa en su mochila. No es sexual, me dije; él no me folla, pero soy suya, soy una perra, y esto lo prueba. El resto del día fue raro. Mis tetas volvieron a llenarse de poco en poco con el tiempo, pesadas otra vez, goteando si las apretaba. Intenté con Tooru, quitándome la camisa, dejando mis chichis al aire para que los viera. Los tocó un segundo, pero me empujó como siempre, señalando la cocina. “Papilla, zorrita”, parecía decirme. El dolor volvió, una presión que me recordaba lo de ayer, pero ahora lo ...
... soportaba con gusto. Lo merecía, por puta, por dejar que un extraño me llenara el coño y me vaciara las tetas mientras mi pequeño jugaba en el parque. Esa noche, a la 1:58 a.m., estaba despierta, escribiendo esto. Mi cuerpo estaba tranquilo, sí, pero mi cabeza no tanto. La marca en mi coño ardía un poco todavía por el desinfectante, el collar apretaba mi cuello, y los $55,000 seguían en la caja. Ya había hablado con mi suegra hace tiempo, confesándole el si llegara a sentir necesidades sexuales, podría atenderlas con su hijo, por el tema de la edad. “Si él está de acuerdo, no hay problema mija”, con ello recordé a cuando hicimos a Tooru. Para también recordar que luego de eso (porque yo se lo pedí) él no me busca, y yo me busqué a otro por $50,000. La culpa me picaba, pero también me sentía viva. ¿Qué carajos iba a hacer ahora? Mientras escribía, mi pequeño dormía en su habitación, la correa en su mochila, y Tooru roncaba en su cuna. Mis tetas comenzarían a gotear otra vez, pensé, el dolor subiendo, y mi coño marcado me recordaba lo que hice. Había cerrado un capítulo con ese cabrón de ayer, pero algo nuevo empezaba: una mezcla de castigo y ganas de seguir. Lo que pasó después ese domingo, eso lo contaré en la próxima parte…