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La desesperación de Manu
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Gays Autor: smelmoth, Fuente: TodoRelatos
La desesperación de Manu - Roberto, Sara ha comido algo en el parque que le ha sentado muy mal. Creo que se muere. -Tranquilo, Manu, no te desesperes. ¿Cómo está ahora Sara? - Está tirada en el suelo, temblando mucho y echando espuma y baba por la boca. - Sé en qué calle vives, pero no el número. - El número 3 - Vale, ve bajándola al portal, que yo llego en cinco minutos. Mientras bajaba a por el coche llamé a una clínica veterinaria que conocía muy bien, con urgencias 24 horas, les expliqué el caso y que llegaría allí en 15 minutos. Cuando llegué a casa de Manu él estaba en el portal, con su perra en los brazos; lloraba y tenía la cara totalmente desencajada de dolor. Colocamos a Sara en el asiento trasero, con Manu a su lado. No dejaba de llorar mientras la acariciaba y pronunciaba unas palabras en su idioma. Sonaba a plegaria. Llegamos a la clínica y enseguida se hicieron cargo del pobre animal y a nosotros nos dejaron en la sala de espera. Manu se sentó en una silla muy despacio, miró al techo, y a continuación se tapó la cara con las manos, agachó la cabeza y comenzó a llorar de nuevo. Yo lo miraba de pie en el centro de la sala. Pese a su fortaleza, en ese momento me pareció la persona más desvalida del mundo. Un sentimiento de profunda compasión y tristeza me invadió. Me senté a su lado y puse mi brazo sobre sus anchos hombros, que se movían al compás de sus sollozos. - Tranquilo, Manu, no te preocupes. Creo que hemos llegado a tiempo ...
... de que la curen. Aquí trabajan los mejores veterinarios de la ciudad. Ya salvaron, hace unos años, a un perro que tuve y al que le pasó lo mismo que a Sara. Sacó su cara de entre sus manos y me miró con una mueca de dolor. - ¿Es cierto Roberto? -dijo sollozando- no me mientas para tranquilizarme, por favor. - Es cierto, no llores más. Si en algún sitio pueden salvarla, es aquí, te lo prometo. - ¿Y si se muere? ¿Qué voy a hacer, Roberto? Es la única compañía que tengo en este mundo. No quitaba sus ojos de los míos. En aquel momento otro pensamiento pareció cruzar por su cabeza. - ¿Y cómo voy a pagar los gastos? Entre el alquiler de la casa y la academia de las oposiciones este mes no voy a tener ni para comer. - Por eso no te preocupes, el dueño de la clínica es... muy amigo mío. No dudo que la atención y el tratamiento te saldrán más baratos. Y yo voy a ayudarte en lo que necesites. - Roberto, ¿cómo dices eso?. Es cierto que nos conocemos, pero no puedo pedirte que hagas eso por mí. - No me has pedido nada, amigo mío, yo te lo he ofrecido. Haría cualquier cosa por una persona que quiere y necesita tanto a un animal. Una fugaz sonrisa cruzó por su rostro. Mi brazo seguía sobre su espalda, con la mano descansando en su hombro; alargó el brazo y cogió mi mano con la suya. - Gracias. Es un honor que me consideres tu amigo. Desde este momento yo lo soy tuyo también. De todo corazón. Algo más tranquilo, soltó mi mano y apoyó la espalda en la silla ...