1. Esposa pudorosa (2): Hermosa


    Fecha: 29/08/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Lobo Amarok, Fuente: CuentoRelatos

    Vanesa aún jadeaba, su cuerpo pegado al de Esteban, sus pieles húmedas, cálidas —aun la situación tensa pero sensual; con tinte de erotismo por el calor y el éxtasis compartido, una esencia a pecado con perfume a fruta exótica y se puede saborear en el aire… piel, sudor; miel y néctar, un incienso al altar de Eros.
    
    Él la abrazaba por la espalda, sus labios aún acariciaban su cuello, dejando pequeños besos suaves, y atrevidos… no había más razones o excusas para disimular lo que estaban sintiendo.
    
    De pronto, un sonido hizo que ambos —congelándose, mirándose sin decir palabras, pero entendiendo lo que estaba pasando:
    
    La puerta principal se abrió.
    
    Sus ojos se encontraron en la misma pausa; y dilatados por la sorpresa… lo único que hicieron fue mover su cabeza hacia la puerta, y ahí Manuel parado —también congelado— evaluaba la escena; había regresado más pronto de lo esperado, y encontraba a su esposa en las manos de su gran amigo —ella desnuda, despeinada, sudada, tan bella como siempre… su mujer, siempre tan pudorosa, ¡hoy por fin la hembra de otro!
    
    —¿Vanesa? —llamó la voz de su esposo desde la entrada.
    
    El pánico se encendió en la mirada de Esteban. Aún estaba dentro de ella, su cuerpo pegado al suyo, y ambos sabían que no había tiempo para explicaciones, era innecesario.
    
    Pero antes de que pudieran moverse, Manuel apareció en el umbral de la cocina.
    
    Sus ojos clavados en la escena: la piel desnuda de Vanesa, las marcas de las manos de Esteban en sus ...
    ... caderas, el brillo del sudor en sus cuerpos. Todo era evidente. Innegable.
    
    Por un segundo, un silencio sepulcral los envolvió. Nadie respiraba. Nadie se movía.
    
    Pero para sorpresa de ambos, Manuel no se enfureció; sus labios se entreabrieron apenas, sin pronunciar una sola palabra, su respiración se volvió pesada.
    
    Lo que vieron en su rostro no fue rabia… sino algo más oscuro, algo inesperado: deseo.
    
    Vanesa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
    
    —No te detengas —murmuró Manuel, con la voz baja, casi un gruñido.
    
    Esteban la miró, atónito. Vanesa apenas podía respirar. La excitación la atravesó como un relámpago. Su esposo los había descubierto… y no solo no estaba enfadado, sino que quería ver más.
    
    El morbo y la adrenalina la encendieron de nuevo. Con la mirada fija en Manuel, empezó a moverse lentamente como cuando a Manuel le bailaba, y así chocando intensamente contra su amante quien todavía la poseía, sin haber salido de su interior: empezaron nuevamente la danza erótica del delicioso éxtasis.
    
    —¿Así? —susurró ella, con la voz ronca, sin dejar de mirar a su esposo.
    
    Manuel se acercó lentamente, sus ojos oscuros de deseo recorriendo cada centímetro de la escena. Se desabrochó la camisa sin prisa, dejando que cayera al suelo, mientras Esteban ya también había empezado a moverse de nuevo, más despacio, suave pero más intenso, embistiéndola con la misma pasión que antes.
    
    La respiración de Manuel se aceleró… y se llevó la mano al pantalón, liberando su ...
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