1. Seguía disfrutando de los pequeños detalles.


    Fecha: 31/08/2026, Categorías: Masturbación Transexuales Voyerismo Autor: danielasolatrans, Fuente: SexoSinTabues30

    ... mi tanguita roja a la vista. «Qué culo tan rico, puta», gruñó, y me bajó la tanguita hasta los tobillos, mi pene pequeño saltando libre, duro de pura emoción. Me arrodillé sin que me lo pidiera, desesperada por probarlo otra vez. Se bajó los jeans, y ahí estaba su micropene: 8 cm, duro como piedra, rodeado de pelos negros rizados, con esas venas marcadas que me volvían loca. Lo lamí primero, saboreando el sudor y el calor, y me lo metí entero en la boca, chupándolo con ganas mientras él gemía: «Así, nena, qué boquita».
    
    Me agarró el pelo, follándome la boca con movimientos cortos pero firmes, su verga latiendo contra mi lengua. «Levántate, zorrita», dijo, y me puso de pie, dándome la vuelta contra el árbol. Me escupió en el ano, un salivazo caliente que me resbaló entre las nalgas, y lo sentí abrirme con un dedo, luego dos, preparándome mientras yo gemía bajito, mirando de reojo por si alguien pasaba. «Qué apretado estás, puta», dijo, y de repente sentí su micropene empujando, pequeño pero tan duro que me hizo jadear. Entró de un solo golpe, y aunque no era grande, Marco sabía moverlo: empezó a embestirme rápido, sus caderas golpeando mi culito, el árbol rascándome la piel.
    
    «Te cojo rico, ¿verdad, nena?», gruñó, cacheteándome las nalgas hasta que ardían, el sonido mezclándose con el zumbido de los carros. Me ...
    ... agarró las caderas, levantándome un poco, y me dio más duro, su verga tocando cada rincón de mi culo, sus bolas peludas chocando contra mí. Yo gemía como zorrita, mi pene goteando contra la falda arrugada, y le rogaba: «Más, papi, rómpeme». Un carro pasó cerca, los faros iluminándonos por un segundo, y eso solo nos calentó más. «Que nos vean, puta», dijo, y aceleró, follándome como animal en medio de los arbustos.
    
    Me dio vuelta, me puso contra el suelo, las hojas pegándose a mis rodillas, y me levantó las piernas, metiéndomela otra vez. «Mira cómo te abro, nena», dijo, follándome cara a cara, su sudor goteando en mi top. Su micropene era pequeño, pero cada embestida era precisa, haciéndome temblar, mi culo apretándolo con ganas. Me pajeé mientras me daba, mi mano volando en mi pene, y él gruñó: «Córrete, zorrita, quiero verte». Exploté con un gemido, mi semen salpicándome el top y la falda, y él se corrió justo después, un chorro caliente llenándome el culo, resbalándome por las nalgas mientras jadeábamos juntos.
    
    Nos quedamos ahí un segundo, temblando, mi culito lleno de leche, la tanguita en el suelo y los arbustos cubriéndonos apenas. «Eres una puta increíble, nena», dijo, besándome el cuello antes de ayudarme a levantarme. Sabíamos que esto no terminaba ahí, pero esa segunda vez… esa merece otro relato…. 
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