1. Al Otro Lado del Balcón (I)


    Fecha: 04/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: TheTimer2, Fuente: TodoRelatos

    La primera mirada encendió la chispa
    
    El calor me recibió como un abrazo largo y familiar en el momento en que abrí la puerta del apartamento. Coma-ruga. El aire olía a sal, a pino y a una libertad que había olvidado. Mi marido, al que se le habían acabado las vacaciones, se había quedado en casa, y yo, por primera vez en años, tenía una semana completa para mí sola. Una semana de silencio, de lecturas en el balcón y de comer sin prisa.
    
    El apartamento que mi amiga me había prestado era un nido perfecto. Pequeño, con una terraza que daba a la piscina comunitaria y al mar, y lo suficientemente lejos de todo para sentir que el mundo se había detenido. Colgué la ropa, abrí las ventanas para que la brisa circulara y, con un suspiro de satisfacción, me puse el bikini. La lycra se pegaba a mi piel caliente, marcando mis curvas, y el roce áspero de la tela sobre mis pezones ya me hizo estremecer, como si mi cuerpo supiera que ese verano no iba a ser tan tranquilo.
    
    La piscina era un espectáculo de la vida en verano. El olor a cloro se mezclaba con el de la crema solar. Familias con niños, parejas mayores, adolescentes en su burbuja. Todo el mundo en su mundo. Extendí la toalla a la sombra de un parasol de brezo, y saqué un libro, fingiendo interés en sus páginas. Pero mis ojos, traicioneros, no dejaban de pasearse por la escena.
    
    Y fue entonces cuando los vi.
    
    Estaban sentados en la orilla, con las piernas metidas en el agua, hablando en voz baja. Él, alto, con una ...
    ... complexión fuerte, una barba de un par de días que le daba un aire descuidado y el pelo castaño mojado. Su mano, curtida por el sol, reposaba sobre la rodilla de ella. Ella, con unas caderas generosas que el bikini enmarcaba y el pelo pelirrojo que se escapaba del moño de forma desordenada. Se reía, y su risa era un susurro íntimo, solo para él.
    
    No era solo lo que veía, era cómo lo veía. La manera en que los dedos de ella jugueteaban con los de él, como si cada roce fuera un secreto compartido. La forma en que su respiración cambiaba apenas él la miraba. Mi pecho subía y bajaba más rápido, y la tela húmeda de mi bikini se pegaba entre mis pechos, resbalando una gota de sudor que se abrió paso hasta mi ombligo.
    
    Me mordí el labio. Sabía que no debía mirar así. Era obsceno. Yo no formaba parte de esa intimidad, y aun así, no podía apartar los ojos. Me sentía atrapada, como una voyeur con la respiración entrecortada, deseando que nadie notara la forma en que mis muslos se apretaban cada vez que él rozaba su piel.
    
    Vi cómo la mano de él bajaba de su rodilla hasta su muslo. Ella se inclinó para susurrarle algo al oído. Él sonrió, y sus ojos se posaron en ella con una intensidad que me atravesó como un golpe bajo. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, y bajo el bikini, mi sexo empezaba a humedecerse. La prohibición misma —mirar algo que no era para mí— era lo que más me encendía.
    
    Ella se inclinó para besarlo. Nada escandaloso, nada exagerado. Un beso sencillo, pero con esa ...
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