1. Al Otro Lado del Balcón (I)


    Fecha: 04/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: TheTimer2, Fuente: TodoRelatos

    ... lengua juguetona que apenas rozaba sus labios, como si pidiera permiso para entrar. Fue inocente y, al mismo tiempo, brutalmente erótico.
    
    Él le devolvió el beso con calma, como si el mundo entero pudiera esperar. Y mientras lo hacía, su mano desapareció bajo el borde del bikini de ella. Vi cómo sus dedos se movían apenas, escondidos, y aun así pude escuchar en mi cabeza el sonido húmedo que debía de estar provocando. El simple imaginarlo me arrancó un jadeo, y tuve que moverme en la tumbona para disimular la humedad que ya sentía entre mis piernas.
    
    Mi corazón latía con fuerza desbocada. El sol me quemaba la piel, la tela del bikini rozaba mi clítoris sensible con cada pequeño movimiento, y yo estaba allí, atrapada, incapaz de apartar la mirada. Me sentía pillada, pecadora, como si en cualquier momento alguien pudiera descubrirme disfrutando del espectáculo. Pero no quería dejar de mirar.
    
    Cuando al cabo de un rato se levantaron, noté un vacío extraño. Caminaban de la mano, despacio, con el sol resbalando sobre sus cuerpos mojados, haciéndolos brillar como si fueran de fuego. Subieron las escaleras hacia los apartamentos, y sentí una mezcla rara de decepción y de urgencia. El hueco que dejaron en la piscina era casi tangible. Yo me quedé con el cuerpo encendido, el coño húmedo, sin saber qué hacer con todo ese deseo acumulado.
    
    Me levanté de la tumbona, las piernas temblándome, el roce de mis muslos húmedos un recordatorio constante de lo que acababa de ver. Subí ...
    ... las escaleras, cada peldaño un latido más fuerte entre mis piernas. La llave de mi apartamento se sintió como un tesoro, un pasaje a mi propio mundo privado.
    
    Me dejé caer sobre la cama, la sábana tibia contra mi piel, el aire cargado con el olor del día. La luz del sol se colaba en tiras doradas por la ventana, cortando mi piel en fragmentos. Cada línea de luz parecía una mano que me acariciaba, y cerré los ojos para concentrarme. La piscina volvió a mí con una fuerza abrumadora: el calor del sol en mis hombros, el olor espeso del cloro mezclado con crema solar. Y ellos... ahí, sentados al borde, tan cerca que bastaba un movimiento para romper la tensión.
    
    En mi mente, su mano dejaba el muslo de ella para buscarme, para recorrer mi cuerpo como si ya me conociera. El beso que no se atrevieron a dar fuera del agua… yo lo tomaba. Sentía el sabor de su lengua, la presión, el calor, y gemía solo con imaginarlo.
    
    Mi mano se posó sobre mi pecho, y un jadeo escapó de mi garganta. El pezón estaba duro, sensible, rogando por atención. Lo pellizqué, y la punzada de placer me hizo arquear la espalda. La respiración me ardía mientras mi otra mano bajaba lentamente, rozando mi vientre hasta llegar a mi entrepierna. La tela ya estaba empapada, pegada a mi piel. La aparté y el olor de mi excitación, caliente y salado, subió como un golpe a mi nariz.
    
    Mis dedos encontraron mi clítoris hinchado, duro, palpitante. El primer contacto fue como fuego líquido. Un gemido húmedo me llenó la ...