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Su marido la abandonó y yo me la tiré
Fecha: 05/09/2026, Categorías: Confesiones Autor: Poleodos, Fuente: CuentoRelatos
Después de abandonarme María, mi vida cambió radicalmente. La distancia había producido una debacle en nuestra relación que dio como consecuencia que ella no quisiera volver a verme. No tenía demasiados amigos, así que empecé a frecuentar chats, me afilié a páginas de contactos. Yo vivía en una ciudad pequeña, próxima a Barcelona. Un día apareció en mi vida Ana. Su pelo era negro como el carbón, tenía unas curvas impresionantes, pechos prominentes y un culito que podría hacer las delicias de cualquier hombre. Después de varios mails, un día nos decidimos a quedar. Conocía poco de su vida, sólo que su historia era muy parecida a la mía. Su marido la había abandonado hacía dos meses, sin ninguna justificación, sin ninguna excusa, sin ningún motivo aparente, simplemente, un día al volver del trabajo, no se encontraba ni él, ni todas sus cosas. Fuimos a tomar una cerveza, y posteriormente a cenar. Su conversación era amena, y su continúa sonrisa, me hacía flotar. Después estuvimos en local de moda de nuestra ciudad, y nos besamos por primera vez. Cuando salimos, le propuse ir a mi casa, a lo que ella se negó, excusándose con el motivo de que seguía enamorada de su marido, aunque este le había abandonado. Me dejó esa noche con un calentón importante. Nos vimos aún dos veces más, y siempre me respondía lo mismo, ante lo cual, dejé de insistir en ella. A los pocos días de esta última vez, me telefoneó muy contenta, diciéndome que había tenido noticias de su marido y ...
... que este volvería a casa el próximo fin de semana. Sabía que mis posibilidades habían terminado, pero como un caballero la animé, le di mi enhorabuena y le comenté que esperaba no perder el contacto con ella, aunque temía que sería así. El fin de semana que debería haber vuelto su marido, volví a recibir una llamada suya. Estaba llorando, tremendamente desolada, puesto que al final su esposo no había vuelto con ella. Le dije que si necesitaba algo, me lo dijera, y me respondió que necesitaba un amigo, y hablar. Viendo la oportunidad, le expuse que era mejor que nos reuniésemos en mi casa. Allí podríamos hablar tranquilos y prepararía una cena especial para los dos. Ella no se encontraba con demasiadas fuerzas para discutir, y supongo que todo lo que yo dijera le pareció bien. A las 9.30 de la noche, todo estaba preparado para su visita. Unos entrantes, una suculenta cena, y sobre todo un vino excelente, que amenizara la velada y la hiciese olvidar un poco sus problemas. Charlamos un poco, lloró bastante la humillación que sentía por la nueva espantada de su pareja y al final, imagino que por los efluvios del vino, volvía a sonreír como la primera vez que nos vimos. Al rato, recogimos un poco la mesa, y preparé unas bebidas en el sofá. La veía un poco pasadilla ya, y muy desinhibida, lo que produjo cierta alegría y bastantes esperanzas. A los pocos minutos estaba acariciándole las piernas, luego la cara, le dije que estaba tremendamente guapa, algo que ...