1. Llamas prohibidas (2)


    Fecha: 05/09/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: piel de sombra, Fuente: CuentoRelatos

    ... vestido ajustado de color burdeos que marcaba cada curva de su cuerpo. —Entonces, dime que me vaya —susurró, deteniéndose a un paso de él—. Dímelo ahora. No pudo. En lugar de eso, sus manos encontraron la cintura de Laura, atrayéndola hacia él con una urgencia que borró cualquier resto de razón. Sus labios se encontraron en un beso profundo, hambriento, que sabía a transgresión y a promesas rotas. Laura respondió con la misma intensidad, sus dedos deslizándose por el cuello de Carlos, desabrochando los primeros botones de su camisa con una destreza que delataba su deseo. El escritorio, testigo mudo de su primer encuentro, volvió a ser su refugio. Carlos la alzó con facilidad, sentándola sobre la madera mientras sus manos exploraban la suavidad de su piel bajo el vestido. Laura dejó escapar un suspiro cuando él besó su cuello, descendiendo lentamente hacia el escote, donde el tejido cedía ante sus dedos. El calor de sus cuerpos se mezclaba con el aroma a lluvia que se colaba por una ventana entreabierta, creando una atmósfera que los aislaba del mundo. Laura se arqueó contra él, sus manos recorriendo la espalda de Carlos, sintiendo la tensión de sus músculos bajo la camisa. Él, con una mezcla de reverencia y desesperación, deslizó el vestido por sus hombros, revelando la piel pálida que había imaginado en cada rincón oscuro de su mente. Cada caricia era un desafío a las reglas que los separaban, cada roce un paso más hacia lo prohibido. Ella lo atrajo más cerca, sus piernas ...
    ... rodeándolo, y el espacio entre ellos desapareció. El tiempo se desvaneció en un torbellino de sensaciones. Los dedos de Laura se enredaron en el cabello de Carlos, guiándolo mientras sus labios trazaban senderos ardientes por su clavícula. Él respondió con una ternura que contrastaba con la urgencia de sus movimientos, como si quisiera memorizar cada centímetro de ella antes de que la realidad los alcanzara. Los gemidos suaves de Laura, amortiguados por el roce de sus cuerpos, llenaban el aire, mezclándose con el latido acelerado de sus corazones. Cuando sus miradas se encontraron, había algo más que deseo: una vulnerabilidad cruda, un reconocimiento de lo que estaban arriesgando. Carlos acarició su mejilla, su pulgar trazando la curva de sus labios, y Laura lo besó con una intensidad que parecía querer detener el tiempo. Se movieron juntos, guiados por una necesidad que no podían negar, hasta que el mundo exterior dejó de importar. El escritorio crujió bajo su peso, los papeles cayendo al suelo, pero ninguno lo notó. Cuando todo terminó, se quedaron allí, jadeantes, con los cuerpos aún entrelazados. Laura apoyó la frente contra el pecho de Carlos, su respiración cálida contra su piel. Él la abrazó, sintiendo el peso de lo que habían hecho. El silencio era frágil, cargado de preguntas sin respuesta.—No quiero que esto termine —susurró Laura, su voz temblorosa pero firme. Carlos cerró los ojos, atrapado entre el deseo de aferrarse a ella y el miedo a las consecuencias. —Laura, ...