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Mi Tía, Mi Estrella del Porno Personal
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Incesto Autor: el Bardo, Fuente: TodoRelatos
MI TÍA, LA ESTRELLA DEL PORNO No lo podía creer. Siempre le había gustado disfrazarse, desde pequeña, los fines de semana solía pedirles a sus padres que la disfrazaran y, a diferencia de otros niños, ella no sentía vergüenza alguna. Siempre sugería la idea de fiesta de disfraces para los cumpleaños y, claro, su festividad favorita era Halloween. En la adolescencia fue exactamente igual y en su época universitaria siempre se motivó a las a fiestas con temática. El boom de los teléfonos móviles y las redes sociales hicieron que pudiera compartir sus disfraces, pero ella crecía y con ello sus atributos, por lo que rápidamente llamó la atención del sexo masculino al hacer que cada disfraz que ella se pusiera resultara bastante erótico. “Ay... no sé... siento que... no sé” se decía Natalia Nazal, mirándose al espejo. Estaba en ese pequeño baño de visitas, cuya puerta estaba a los pies de la escalera que conducía al segundo piso, en esa casa de su vecino, don Clemente. Seguía sin poder creerse que la convenciera de ponerse ese atuendo y seguía sin poder perdonarse que le contara ciertos detalles de su vida, como eso de que le gustaba disfrazarse. Inmediatamente le sugirió la idea y ella no se lo negó, pero tampoco se lo aceptó. Y ahí estaba, mirándose al espejo mientras se giraba en su posición viéndose en ese atuendo de sirvienta francesita. “Me queda chico... ay” se dijo, intentando holgar ese bonito sostén blanco que apenas podía cubrir sus gordas ...
... tetas. -¿Ya? -T-Todavía no... don Clemente... -Déjalo así, igual te lo voy a sacar -Escuchó esa risita socarrona que luego era seguida por unos toses carrasposas. Natalia abrió la llave del lavamanos y se llevó algo de agüita a las mejillas para bajar esa calentura. -Ahí... -Se aclaró la garganta- ...¡Ahí voy! La mujer salió de ese pequeño baño y cruzó ese pasillo en dirección a la sala principal de la casa. Ahí estaba el obeso viejo, don Clemente, sonriéndole con esos dientes chuecos y amarillentos sentando sobre ese destartalado sillón de un cuerpo. A pesar del frío que hacía, el viejo solo utilizaba una camiseta a tirantes blancas, que no alcanzaba a cubrir esa enorme barriga, y unos shorts cortos de color azul oscuro. Se estremeció al notar como se sobaba las manos. -Vamos, mi niña, ya sabes lo que tienes que hacer. -¿Limpiar? -No, no... eso ya lo harás mañana. -¿Cocinar? -¿Te quieres hacer la tontita conmigo, mi niña? -Su semblante se volvió serio y esos cambios de actitud a ella siempre le helaban la sangre- ¡Ven! Ella avanzó hasta él, hasta quedar de frente, bajó un poco la mirada mientras su respiración se aceleraba y esas gordas tetas comenzaban a subir y a bajar. Y lo de siempre, su entrepierna comenzó a calentarse porque sabía lo que se venía. Don Clemente se puso de pie, en silencio, y la rodeó quedando a su espalda. -Oouu... Por debajo de sus brazos esas manazas avanzaron por detrás para sacar de un tirón ese bonito sostén blanco, ...