1. La lectura


    Fecha: 07/09/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Rodrigo Cnovas, Fuente: CuentoRelatos

    Siena se había ido pronto a la cama. José tenía turno de noche. Hacía frío aquella noche de enero; había llovido. Así comenzó hasta que las nubes grisáceas se hicieron más y más abundantes, y finalmente la lluvia se intensificó, se oyeron truenos, y algunos relámpagos iluminaron la aldea cuando se hizo de noche. Cayó una fuerte granizada y repentinamente todo cesó. La humedad calaba los huesos.
    
    Siena apagó el fuego del hogar y se fue a acostar. Echó un vistazo a la habitación. Juanito dormía. Tomó el libro de Aurora y se lo llevó a la cama. Así que, Siena se acostó pronto y se puso a leer.
    
    Se desnudó tiritando, se puso el camisón beige y se metió en la cama. Las sábanas estaban heladas. Dio un respingo; un escalofrío recorrió su cuerpo. Echó el vaho bajo las sábanas y cogió el libro que le prestó Aurora. Abrió la insinuante cubierta rosa del libro, con una mano, la otra sujetaba la recia sábana hasta el cuello.
    
    El comienzo de la novela la sorprendió. La autora desgranaba los párrafos con la melancolía de una historia de amor ya pasada. Era prosa, pero en las palabras escogidas se traslucía un sentimiento poético profundo. Lo que la impactó fue cómo, ya en el primer capítulo, la historia era fuertemente erótica. Se trataba de una aventura amorosa entre dos mujeres de mediana edad. Siena fue avanzando las páginas y dejándose llevar por la narración.
    
    En el tercer capítulo la descripción de las escenas de amor de convirtieron en una visión erótica tan clara que Siena ...
    ... casi podía ver a las dos protagonistas, haciendo el amor en la cala de la playa, desnudas, apretadas cada una contra el cuerpo de la otra, sobre la arena cálida.
    
    Un ardor fue subiéndole desde los pies hasta la cara. Leia con voracidad, dejándose llevar por cada línea; se tragaba los párrafos; quería saber más, como si estuviera allí, viendo los cuerpos, los besos, las caricias íntimas; oyendo la respiración, palpando la transpiración, oliendo los olores desprendidos por la piel. Por un lado, quería avanzar por los capítulos, las líneas y los párrafos para vivirlo todo; por otro temía que la novela se terminase, deseaba que fuera larga, como la historia de las mil y una noches.
    
    Cuando la escritora relataba la intensidad del sexo desbocado de las dos amantes, Siena comenzó a notar la humedad en su vientre; bajaba desde su vagina y sentía el flujo humedeciendo su vulva, hasta los labios exteriores. Se llenó de deseo. Quería sentir lo que las protagonistas sentían, el placer de las dos mujeres en su cuerpo, el cosquilleo en su sexo, el roce de las yemas de los dedos por las aberturas, las líneas de la piel, el empuje, la humedad impregnándolo todo.
    
    Bajó la sábana. Ya no sentía frío, sino un calor interior que manaba. Metió la mano por el cuello del camisón, abrió los botones y, leyendo, se acarició el pecho, lo bordeó y lo sopesó en la palma de la mano. El pezón estaba caliente y tieso, grueso, endurecido. Jugó con él; lo acariciaba, lo apretaba, lo estiraba ligeramente, ...
«12»