1. La lectura


    Fecha: 07/09/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Rodrigo Cnovas, Fuente: CuentoRelatos

    ... le daba vueltas, lo que hacía crecer su hervor en el estómago, en el vientre. Entreabrió las piernas. Sentía el flujo y la humedad que resbalaba desde los labios exteriores deslizándose por el vello hasta la entrada del otro agujero, pequeño circulo estriado.
    
    Se retorció y apretó con fuerza los muslos. Con un movimiento de frotamiento circular, los labios se abrieron con la presión; entreabrió y cerró repetidas veces la raja mojada. Sentía un placer cada vez más intenso. Pasó a magrearse las dos tetas. Los pezones estaban completamente duros, tiesos y calientes, erguidos y muy sensibles a sus caricias.
    
    Dejó el libro a un lado y se desnudó completamente. El frío había desaparecido. Recogió las piernas y abrió con ambas manos su raja. La punta de los dedos se cubrió de la melaza cálida de sus flujos; los frotó entre sí y comenzó a acariciar los bordes de la vulva, pasando por cada labio, repasando sus formas irregulares. Fue introduciéndose en su propia vagina, ahondándose y haciendo girar dos dedos completamente llenos de flujo. Empezó a hacerse el amor con penetraciones lentas y caricias en el clítoris, que se fueron intensificando rítmicamente. Sacó los dedos y se abrió y totalmente la ...
    ... vulva.
    
    Inició los toques en el botoncito violeta, grueso, ardiente; lo subía y bajaba entre las yemas de sus dedos, lo recorría circularmente. Introducía los dedos entre los labios calientes y los sacaba chorreantes de fluido, que dejaba sobre el capullo tieso y seguía masturbándose entre jadeos. Llegaron los gemidos. Siena se movía para acelerar las descargas de placer, hasta el momento en que los espasmos se adueñaron de ella.
    
    Su respiración se desbocó, movía sus glúteos frotándose sobre la sábana, que estaba manchada del flujo femenino, hacia girar su sexo sobre la palma de la mano que apretaba el clítoris espasmódico aún. Suspiró y los jadeos fueron menguando hasta quedarse inmóvil, con la mano apretada contra el monte de venus, los rizos vellosos, la abertura resbaladiza, el goteo del flujo vaginal que empapaba también el agujero del ano.
    
    Tras un último suspiro largo y con una sonrisa satisfecha se tapó con la sábana y se cubrió hasta el cuello. Se acurrucó y antes de dormirse se prometió terminar el libro al día siguiente, repitiendo su viaje al cosmos del placer.
    
    Le debía una a Aurora. Le compraría un libro parecido y las dos comentarían sus impresiones de lectura. Para eso estaban las amigas. 
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