1. Economista y prosti: Mi marido, papá y mi suegro, como nunca


    Fecha: 10/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Dessert3, Fuente: CuentoRelatos

    ... les exhibí particularmente el culo, sin dejar que me tocaran. Luego fue el turno de las tetas, que ofrecí generosamente a mi marido que las dejó al aire completamente, poniendo por debajo de ellas la media copa del soutien.
    
    Dejé que me las miraran bien y me las chuparan y acariciaran los tres y volví a levantar la media copa cubriéndolas hasta el pezón. Me senté nuevamente entre mi padre y mi suegro y Tom vino a pararse detrás de mí. Nueva ronda de besos y manoseos de parte de los tres, que no se cansan de hacerlo (ni yo de recibir sus “halagos”). Tenía en mi boca saliva de mis tres machos más cercanos, y eso me ponía a mil. A causa de eso, decidí seguir con mi plan de diversión previa.
    
    Volví a irme al vestidor, habiéndoles dicho que me esperaran sin ropa alguna. Así lo hicieron, y yo volví con mi amada boa blanca de plumas, que ya he usado con algún cliente. La boa de plumas mide más de dos metros. Me la coloqué por encima de un hombro, cayendo por detrás hasta la raya de mi cola, por delante la dirigí y sostuve con una mano por entre las tetas cayendo hasta mi cuca y tapándola. En la otra mano, como si fuera un cono helado, traía un gran consolador anatómico, negro, completo en su base simulando testículos y con una gran ventosa para adherirlo a alguna superficie. Caminé entre ellos, parados desnudos, sin cubrirse los miembros erectos.
    
    Me acerqué a cada uno, les restregué el culo y las tetas mientras lamía el consolador. Había ubicado previamente un pequeño ...
    ... asiento de cuero, que al ser muy liso permite que se adhiera el consolador. ¡Me acerqué al asiento, coloqué firmemente el consolador negro que quedó recto y amenazante!
    
    Lentamente frente a ellos me despojé de la boa de plumas, y comencé a masturbarme ensalivándome una mano.
    
    Bastó una señal y Tommy se arrodilló y me lamió la concha dejándola aún más húmeda. Le hice señas de retirarse.
    
    Y entonces me situé sobre el asiento (un taburete o banquito le llamamos en Uruguay) las piernas bien abiertas, las manos a la cintura…y comencé a bajar lentamente sobre el erecto consolador.
    
    Confieso que lo gocé. Me lo fui metiendo lentamente flexionando las rodillas, comencé a subir y bajar un poco más cada vez hasta que me entró toda, entonces aceleré y el trío que me miraba (y admiraba, je je) comenzó a batir palmas. Los veía, las vergas duras, los ojos clavados en mi, las respiraciones agitadas. Bajé el ritmo y me salí del consolador negro, los miré, les sonreí y me giré dándoles la espalda.
    
    Quedé sobre el dildo como si estuviera en reverse cowgirl. Comencé de nuevo a metérmelo, ya mojado de mi licor. Mis manos abrían mis nalgas para que vieran todo. Y de nuevo a subir y bajar, ahora gimiendo suavemente. Era obvio que no resistirían mucho mas. Me salí esa hermosa verga de silicona negra.
    
    -¿Les gustó?
    
    La respuesta fue que me rodearon a manosearme de arriba a abajo.
    
    Debía frenarlos, no quería coger aún y debía descomprimir todo.
    
    -¡A ver si me consiguen uno de verdad! ¡Me ...
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