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La biblioteca es para estudiar
Fecha: 10/09/2026, Categorías: Hetero Autor: enfermera69, Fuente: CuentoRelatos
Estaba en la biblioteca de la universidad preparando el último examen de la carrera. El que me llevaría a ser una verdadera enfermera. Por fin. Pero el examen era más que difícil. Llevaba poco tiempo preparándolo y era mucha materia para aprenderme en dos semanas. Delante de mí veía otras 12 o 15 mesas repletas de gente que, como yo, estaba concentrada en su taco de folios. Excepto un chico. Siempre se sentaba en el mismo sitio. Estaba tres mesas por delante de mí. Siempre con sus folios esparcidos por la mesa y sus cuatro bolígrafos alineados a su derecha. Siempre tan bien vestido y tan peinado. Qué pijo me parecía. Me lo imaginaba echando un polvo desenfrenado… No, era imposible. Tenía pinta de no haber roto un plato en su vida. Empecé a imaginar cómo sería que me desnudara despacito, con esa calma y ese sosiego que parecía caracterizarle. Y que me dijera cosas guarras al oído mientras me tocaba hasta el último centímetro del cuerpo. Yo soy una chica normal, con el pelo largo castaño, liso, ojos verdosos, un culo bien puesto y unas buenas tetas. No sabía porqué, pero siempre me gustaba ir bien vestida a la biblioteca. Otras iban con un chándal y una camiseta sin más. Poco femeninas. A mí me gustaba que los tíos se me quedaran mirando y que fantasearan conmigo. Por eso llevaba escotes que dejaran entrever lo que había debajo… De repente, mientras fantaseaba con aquel chico, me di cuenta de que me estaba mirando y bajé la vista avergonzada. ¿Se daría cuenta de lo ...
... que estaba imaginando? Volví a levantar la vista al cabo de treinta segundos y ahí estaba, mirándome con una cara que… madre mía… ¡¡Quien le pillara en ese momento!!! ¡¡Que morbo tenía el tío!! Me sonrió con una mirada penetrante que me hizo estremecer, me guiñó un ojo, y se levantó de la silla despacio, sin hacer ni un ruido. Había demasiada gente en la biblioteca como para llamar la atención. Me hizo un gesto que yo entendí como para que le siguiera. Me salió una sonrisa estúpida. ¡¡Qué nerviosa estaba, dios mío!! No lo pensé dos veces. Estaba demasiado cachonda. Una oportunidad así no se tiene todos los días. Me levanté de la silla despacio y le seguí a una prudente distancia para que nadie se diera cuenta de que salíamos juntos. La puerta estaba lejos de donde estábamos sentados. Había que rodear un estante de libros enorme dedicado a la Política. Inmediatamente después de doblar la esquina de la estantería ya estaba la puerta, que daba a un recibidor bastante grande. Cuando salí de la biblioteca él ya estaba cerca de la puerta de un aula de informática que había en esa ala del edificio, a la derecha según salíamos. Cuando le miré me hizo un gesto para que le siguiera. Y eso hice. Cada paso que daba hacia aquella puerta se me pasaban mil cosas por la cabeza. A lo mejor se me estaba yendo la olla y aquel tío quería otra cosa. El caso es que entré en el aula. No había nadie. Él cerró la puerta detrás de mí y se me quedó mirando como preguntándose qué hacía yo allí. ...