-
Mi primer cruising en el metro a los 8 años
Fecha: 10/09/2026, Categorías: Gays Masturbación Autor: Hombre goloso, Fuente: SexoSinTabues30
... también él hacía conmigo. Nuestros cuerpos ya estaban entrelazados que nos correspondíamos mutuamente con agasajos, inclusive yo me paraba de puntas para alzar mis caderas y quedaran a la altura de las del señor, de tal manera que nuestras vergas se pegaran lo más posible y nos moviéramos a un ritmo uniforme. Además, sentía la necesidad de besar a aquel hombre maduro, debido a la excitación que nos envolvía a ambos, por lo que intenté alzar mi rostro, y él bajó el suyo para juntarlos y plantarnos unos besos en la boca que duraron algún rato. Fue la primera vez en mi vida que había sentido otros labios pegados a los míos, y más siendo de un hombre. La sensación era maravillosa, y la textura era muy suave, parecida a la de un bombón. Yo me sentía en el cielo con esos besos que me daba aquel maduro, al grado de meterme su lengua para que se entrelazara con la mía, a lo que yo también le correspondía. De tantos agasajos, besos y repegones que nos dábamos, por fin habíamos llegado al clímax, y a mí se me salió un pequeño gemido como resultado del orgasmo alcanzado. El señor fue el primero que se vino dentro de su pantalón, de lo cual, una mancha de semen había quedado como evidencia. Un rato después, fui yo quien se vino, solamente sentí cosquillitas en mi verga, o eso era lo que creía, ya que pensé que el señor me había manchado de su semen en mi pantalón. Pero después me enteré que la mancha que traía era producto del orgasmo que yo había tenido, ya que al bajarnos del metro, ...
... tuve la necesidad de orinar, por lo que fui a uno de los baños de la estación, y fue ahí cuando me percaté que mi calzoncillo estaba húmedo, pero no de semen, sino de una babita transparente a la que yo le denominé «semen infantil», dado a la ausencia de espermatozoides. Durante aquel momento de lujuria que se suscitó en nuestro viaje matutino de aquel día, noté que mi padre, al principio estaba un tanto desconcertado por lo que yo había hecho con aquel señor desconocido que iba a nuestro lado, ya que no podía creer que su hijo de 8 años fuera capaz de hacer cosas que sólo los adultos hacían, como si fuera uno de los protagonistas de una película erótica. Sin embargo, no le había quedado más que observar la situación porque así se había prestado en ese momento, incluso, me atrevo a decir que se convirtió en mi cómplice tratando de tapar la escena que se estaba suscitando para que no se malinterpretara aquello. Después de lo que sucedió aquel día en el metro, algo en mi había cambiado para siempre. Ahora, cada vez que tomábamos el gusano naranja, veía con morbo a todos los señores que se subían al vagón en donde nosotros íbamos, sin importar su apariencia. Y tenía la esperanza de que se repitiera otra experiencia sin igual como la que tuve aquel día, no sólo en el metro, sino en cualquier lugar a donde íbamos con mi padre, inclusive si era necesario, hasta en la misma familia, ya fuera con mi padre, o con mis tíos. En definitiva, aquella experiencia sexual en el metro ...