1. El Calor de la Ciudad


    Fecha: 15/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: edith, Fuente: TodoRelatos

    ... sonando como un animal hambriento.
    
    "¿Te gusta cómo te hago esto, Clarita?" gruñó Esteban, sus caderas estampándose contra mi boca, su control absoluto sobre mí. Vibré la garganta, zumbando con fuerza mientras lo tragaba de nuevo, lamiendo sus bolas con una promesa silenciosa de hacerlo estallar. "Mírame," ordenó, y levanté la barbilla, mi lengua fuera, la boca entreabierta, mi mirada fija en su rostro moreno. Su polla, dura y húmeda de mi saliva, apuntaba hacia mí, y chupé con más fuerza, mis cachetes ardiendo, mis ojos llorosos pero llenos de deseo."Clarita, qué buena esposa eres, chupándomela mientras tu marido espera sus cervezas," gruñó, su tono burlón cortando como un cuchillo. Estaba tan sumida en el momento que no noté mi celular, tirado junto a mi chaqueta en el suelo, hasta que empezó a sonar. El tono estridente cortó el aire, y un escalofrío de pánico me recorrió. Miré la pantalla: Javier. "Ay, mierda, es él," murmuré, mi voz ahogada por la polla que aún llenaba mi boca, mis cachetes hinchados de vergüenza.
    
    "Contesta, Clarita," dijo Esteban, con una risa baja, tirando del cinturón que había envuelto en mi cuello para mantener mi cabeza en su lugar. "No dejes esperando al cornudo. Muéstrale qué buena esposa eres." Sus palabras eran un desafío, y aunque mi corazón latía con fuerza, la idea de hablar con Javier mientras chupaba a Esteban me encendió aún más. Esto es una locura. Pero no puedo parar.
    
    El teléfono vibró una y otra vez, insistente. Intenté ...
    ... ignorarlo, pero Javier no se rendía. "¡Contesta de una vez!" ordenó Esteban, empujando su polla más profundo, haciendo que mis cachetes se hincharan aún más, mis ojos humedeciéndose por el esfuerzo. Tomé el celular con una mano temblorosa, mi boca llena, y puse el altavoz. Con la voz más firme que pude, aunque sonaba amortiguada y húmeda, dije: "Mmmh... hola, amor, ¿qué pasó?""Clara, ¿dónde carajos estás? Llevas un siglo fuera," gruñó Javier, el ruido del televisor y el fútbol de fondo. "Oye, ya que estás en la tienda, trae unas papas, unas salsas, tortillas, unas cervezas frías, y si tienen refrescos, también. Y unos cacahuates, que se me antojaron."Estaba a punto de responder cuando Esteban, con una risa baja, empujó sus caderas, hundiendo su polla hasta el fondo de mi garganta. Un gemido ahogado se me escapó, mis cachetes ardiendo de pena, rojos como fuego mientras intentaba mantener la compostura. El celular casi se me cae, y lo apreté con fuerza contra mi oreja. "Mmmh... sí, amor, estoy... en la tienda," balbuceé, mi voz temblando, las palabras apenas inteligibles mientras mi lengua rozaba la base de su polla. Esteban me miró, sus ojos brillando de diversión, y me dio un leve cintazo en el hombro, haciéndome estremecer. Dios, me está viendo. Sabe lo que estoy haciendo.
    
    "¿Por qué no contestabas antes? ¿Qué hacías?" preguntó Javier, con un toque de sospecha en su voz."Mmmh... estaba buscando... mmmh... las cosas en los estantes," mentí, mis cachetes hinchados, la saliva ...
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