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Cristina y Roberto 1
Fecha: 16/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: sumisso1978, Fuente: TodoRelatos
... pasaba cerca, su corazón latía con fuerza, temiendo y deseando sus instrucciones. Al final de la jornada, en el vestuario, Cristina lo esperó. Él se cambió rápidamente, intentando ocultar el tanga, pero ella lo notó de inmediato. —Vaya, vaya… —dijo, su voz cargada de diversión.— Qué… interesante todo eso que llevas puesto. Roberto bajó la cabeza, sintiendo la humillación quemarle las mejillas. —Quítate el tanga —ordenó Cristina, su tono ahora firme.— Y ponte esto. Antes de que Roberto pudiera reaccionar, ella se quitó las bragas bajo su falda y las lanzó hacia él. Eran de encaje negro, delicadas y femeninas. —¿Qué? No puedo… —protestó, pero la mirada de Cristina lo silenció. —Hazlo, Roberto. O ¿acaso quieres que lo sepa todo el consultorio? —su voz era dulce, pero sus palabras eran una amenaza clara. Con manos temblorosas, Roberto se quitó el tanga y se puso las bragas de Cristina. La tela suave rozó su piel, y el aroma de ella lo envolvió, intensificando su vergüenza y su excitación. —Ahora, sígueme —ordenó Cristina, y él obedeció, sintiendo la jaula de castidad rozar el encaje con cada paso. En una sala vacía, Cristina se sentó en la camilla, mirándolo con una sonrisa triunfal. —Ahora, Roberto, quiero que me des una buena sesión de sexo oral. Necesito relajarme después de un día tan largo. Él tragó saliva, su mente en conflicto. La idea de arrodillarse ante ella, de usar su boca para complacerla, lo llenaba de una mezcla de terror y ...
... deseo. Pero no tenía opción. —De rodillas —ordenó Cristina, y él obedeció, sintiendo la suavidad de las bragas contra su piel mientras se arrodillaba frente a ella. Cristina se reclinó, levantando su falda para revelar su sexo. Roberto miró, hipnotizado, mientras ella lo guiaba con una mano en su nuca. —Lámeme, Roberto. Hazme sentir bien. Él comenzó a lamer, sus labios rozando la piel suave de ella, totalmente rasurada. Cristina gimió, sus manos enredándose en su cabello mientras lo guiaba con más fuerza. Roberto se perdió en el ritmo, su lengua explorando cada pliegue, cada rincón, mientras ella se movía contra su boca. —Más rápido, Roberto. Quiero sentirte —susurró Cristina, y él obedeció, aumentando el ritmo, sintiendo cómo ella se tensaba bajo sus labios. Pero justo cuando Cristina estaba a punto de alcanzar el clímax, Roberto sintió la jaula de castidad rozar el suelo, recordándole su propia frustración. Su erección, atrapada y negada, lo torturaba, mientras él continuaba lamiendo, saboreando su humedad, pero sin poder liberar su propia tensión. —Eso es, Roberto —gimió Cristina, su voz quebrándose.— Sigue así… Y él siguió, su boca trabajando con dedicación, mientras su mente luchaba entre la humillación y el placer de complacerla. Cuando Cristina finalmente alcanzó el orgasmo, su cuerpo temblando contra sus labios, Roberto se sintió vacío, enjaulado en más de un sentido. —Buen trabajo, Roberto —dijo Cristina, ajustándose la ropa con una sonrisa ...