1. El círculo. Cap.35. Todo lo que viene después


    Fecha: 16/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... decide a quién se purga?
    
    Damián no respondió. Se limitó a alzar una ceja, como si la pregunta fuera una ingenuidad. Sonrió, pero su sonrisa no traía respuestas. Era la misma sonrisa que a veces le dedicaba después del sexo, cuando ella se giraba para no verlo dormir y él, desde atrás, simplemente sonreía a la nada.
    
    —Regina ya está pensando en las candidaturas —dijo Abril, rompiendo el silencio con un dejo de acidez.
    
    Damián giró levemente el rostro, como si escuchara pero no quisiera opinar. Esa sonrisa suya no se borraba. Era un gesto apenas perceptible, pero suficiente para helarle la espalda.
    
    En realidad, él ya tenía nombres. Tenía escenarios. Tenía listas escritas a mano y tachadas con pluma negra. Pero no iba a decírselo. No todavía.
    
    Abril se inclinó hacia adelante, cruzando los brazos sobre el escritorio. Su perfume —algo entre cedro y vainilla amarga— se mezcló con el aroma a papel, madera encerada y tensión.
    
    —No me gusta cuando te callas —dijo, casi en un susurro.
    
    —Tampoco te gusta cuando te digo la verdad —respondió él.
    
    Y ahí, por un segundo, se miraron como si no fueran Abril ni Damián, ni políticos contrarios, ni amantes secretos ni enemigos futuros. Solo dos personas atrapadas en un momento que ninguno había elegido del todo.
    
    El aire se volvió más denso, más pesado. Afuera, las sombras de los edificios comenzaban a alargarse como advertencias. Abril tomó un vaso de cristal con whisky a medio terminar. Lo giró entre los dedos, sin ...
    ... beber.
    
    —¿Tú ya sabías que iba a firmar, verdad?
    
    Él no negó ni afirmó. Se encogió apenas de hombros.
    
    —Todos firman, tarde o temprano —dijo. Y lo dijo con tal seguridad, con tal falta de emoción, que por un instante ella lo odió.
    
    —¿Y tú qué quieres, Damián?
    
    Él se levantó, caminó hacia el ventanal. Miró la ciudad como si le perteneciera, como si ya la gobernara desde alguna sombra.
    
    —Quiero que todo lo que viene después ya no dependa de ellos.
    
    —¿Y de mí?
    
    —Todo.
    
    Ella tragó saliva, apenas audible. Hubiera querido decir algo más. Algo que lo pusiera en su sitio. Algo que lo hiciera retroceder. Pero sabía que no tenía caso. Porque ya había empezado a alejarse.
    
    Y sin embargo, él volvió la mirada hacia ella, como si leyera el hueco de ese silencio. Caminó de nuevo hacia su silla. Se inclinó, rozó con los dedos la punta de su barbilla y dijo:
    
    —No te preocupes. A ti te toca sobrevivir.
    
    Después salió. Cerró la puerta sin apuro. Como si supiera que volvería.
    
    Y Abril se quedó sola, viendo su reflejo en el cristal. En el fondo de sus ojos había una tristeza que no venía de Lorenzo. Ni de la purga. Ni siquiera del país que ardía afuera. Era otra cosa.
    
    Era saber que a veces, el mayor poder que se puede tener… es haber querido no tenerlo.
    
    __
    
    El automóvil negro se detuvo en una curva despoblada frente a la entrada ejecutiva del AIFA. Eran las 7:06 de la mañana, aunque el cielo seguía siendo de un gris sin alma, deslavado por las nubes bajas y el polvo del ...
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