1. Maestra rural y revisión policiaca


    Fecha: 19/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Miss Tomi, Fuente: TodoRelatos

    Continuación…
    
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    —Ni modo, maestro —le dije con una sonrisa torcida, mientras me abrochaba la blusa a toda prisa—. Parece que el recreo se acabó.
    
    Él soltó una carcajada breve, nerviosa, y puso las manos sobre el volante justo cuando la patrulla doblaba por la misma curva donde nosotros habíamos decidido rendirnos al fuego.
    
    Y así, con el sudor aún en la piel y el deseo apenas apagado, emprendimos de nuevo el camino a Tierra Blanca… con la adrenalina al tope y la certeza de que, después de esa noche, nada entre nosotros volvería a ser igual.
    
    No alcanzamos a salir. La patrulla dobló la curva justo cuando Armando metía primera. Las luces rojas y azules nos bañaron por completo, cortando el deseo en seco. La camioneta quedó atrapada entre los árboles a un lado y la torreta adelante. Nos cerraron el paso sin ninguna duda.
    
    —Chingao —murmuró Armando, con los dientes apretados—. Nos vieron.
    
    Las portezuelas de la patrulla se abrieron con pereza. Bajaron dos hombres. Gordos, sudados, con los uniformes manchados en las axilas. Uno llevaba una lámpara en mano, que apuntó directo al parabrisas. El otro caminaba despacio, dándose aires de autoridad mientras se sobaba la panza.
    
    Armando bajó la ventana sin que yo se lo pidiera. Yo apenas alcanzaba a subirme bien el pantalón, a ocultar mis pechos bajo la blusa arrugada. El sudor aún me corría entre los ...
    ... senos.
    
    —Buenas noches —dijo el primero, con una voz pastosa—. ¿Qué hacen por aquí, a estas horas, tan arrinconaditos?
    
    Armando sonrió como si nada.
    
    —Buenas, jefe. Solo... descansando un rato. Venimos de la marcha en la capital. Nos paramos a estirar las piernas.
    
    El policía miró alrededor con desconfianza, como si los árboles fueran cómplices de algo más grave.
    
    —¿Y a qué sindicato dijeron que pertenecen?
    
    —Sección 22 del de maestros —respondí yo, sin dejar que la voz me temblara.
    
    El segundo oficial se acercó por mi lado. Alumbró directo al interior de la cabina. Yo cerré un poco las piernas y bajé la mirada. El sudor de nuestro encuentro aún estaba fresco entre mis muslos. Me ardían las mejillas.
    
    —¿Y usted, señorita? —preguntó el más viejo—. ¿No le parece que su... presentación está un poco desordenada para solo “descansar”?
    
    Sentí cómo sus ojos se arrastraban por mi cuerpo. El coraje me subió a la garganta. Pero tragué saliva. No era momento para alzar la voz.
    
    —Estuve todo el día en la calle —dije—. Marché, caminé, hablé. Tengo calor. ¿Es delito verse cansada?
    
    Los dos se miraron entre ellos y sonrieron como cerdos.
    
    —Vamos a hacer una revisión preventiva —anunció el más gordo—. Por protocolo. Pongan el vehículo en parqueo, bájense los dos.
    
    —¿Revisión de qué, jefe? —dijo Armando, tenso—. ¿Nos van a sembrar algo o qué?
    
    —Solo siga instrucciones, maestro —replicó el otro—. Es por seguridad de todos. Ya ve cómo está el país.
    
    Nos bajamos. Yo lo hice ...
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