1. Soy una ninfa ninfómana 🔥 - Parte 1


    Fecha: 19/09/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Anitanga89, Fuente: TodoRelatos

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    Me llamo Laura, tengo treinta y seis años y me acabo de divorciar.
    
    Soy castaña, con el pelo liso hasta los hombros y algunos mechones más claros que me deja el sol. No soy una supermodelo, ni pretendo serlo, pero me mantengo en forma. Hago pilates dos veces por semana, salgo a correr cuando el cuerpo me lo pide y reconozco que tengo un culo del que estoy orgullosa. Pecho natural, algo más que una 90, piernas fuertes, y esa curva en la cadera que más de un hombre ha elogiado con la boca encima.
    
    Mi cara es de las que no se olvidan: ojos grandes, labios carnosos, cejas bien marcadas. A veces me han dicho que tengo mirada de loba. O de bruja. Y no lo digo con vanidad, sino con conciencia: soy de esas mujeres que entran en un sitio y no pasan desapercibidas… aunque no sea por belleza de catálogo, sino por actitud, por postura, por presencia.
    
    Después de casi una década de matrimonio —y unos últimos años más parecidos a una convivencia entre hermanos aburridos que a una vida de pareja—, me encontré sola. Y con un fuego entre las piernas que no se apagaba ni con lágrimas ni con terapia.
    
    Soy ninfómana. Nunca me lo diagnosticaron, pero no necesito un papel para saberlo. Lo sé porque incluso en los peores días de mi separación, cuando todo parecía desmoronarse, lo único que me consolaba era masturbarme hasta quedarme dormida. Me calmaba más que el vino, más que las llamadas de mis amigas, más que cualquier ...
    ... promesa de “ya vendrán tiempos mejores”.
    
    Mi nueva vida empezó en un bonito piso de alquiler. No era muy grande, pero sí moderno, bien distribuido, luminoso. Y lo mejor era que era todo mío; sin un marido pesado que me molestara. Mi caos. Mi refugio. Mi escenario.
    
    La primera noche que escuché a los vecinos de arriba follando, supe que iba a ser interesante.
    
    Todo comenzó con un golpe seco en el techo. Pensé que era el somier. O una caída. Pero luego vinieron los gemidos. Rítmicos. Cada vez más fuertes. Al principio me molestó. Tenía sueño. Estaba cansada. Pero luego… luego escuché cómo ella gritaba. No de dolor. De placer. Uno de esos gemidos agudos, llenos de garganta y saliva, que no se pueden fingir.
    
    Y entonces él respondió. Un gruñido ronco. Brutal. Como si la estuviera taladrando con odio. Me quedé quieta en la cama. A oscuras. Con la respiración suspendida.
    
    El cabecero golpeaba la pared una, dos, tres veces por segundo. El colchón crujía como una cuerda a punto de romperse. Y los gemidos se mezclaban con frases sueltas que se colaban por las paredes: “así, así”, “más fuerte”, “no pares”, “dámelo todo, joder”.
    
    No era una porno. Era real. Y estaba ocurriendo justo encima de mí. Los gemidos rebotaban contra las paredes con una crudeza que no dejaba margen a la imaginación. Ella chillaba. Sin filtros, sin vergüenza. Un “¡Aah!” seco, cortado por cada embestida. Lo que se oía no era amor. Era necesidad. Sexo sucio. Genuino. Empapado de sudor y carne chocando sin ...
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