1. Soy una ninfa ninfómana 🔥 - Parte 1


    Fecha: 19/09/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Anitanga89, Fuente: TodoRelatos

    ... simultáneamente con su final. Como si me estuvieran follando con el sonido.
    
    Contuve la respiración para oír mejor. Intenté apartar las sábanas para evitar que el ruido de la fricción me impidiera escuchar cada detalle. Sentía cómo el corazón me golpeaba el pecho.
    
    El colchón de arriba chirriaba como un animal herido. Golpes desacompasados, como si él ya no pudiera controlar el ritmo, como si la estuviera follando con el cuerpo entero, sin medida, sin control. Ella gemía entre gritos y jadeos. Ahogados. Rotos. Cada vez más agudos, más frenéticos.
    
    Yo me mordía los labios. Me apretaba el clítoris con dos dedos, sin parar, resbalando entre mis propios jugos. Tenía la otra mano debajo de la camiseta, jugando con un pezón duro como una piedra. Mi respiración era un jadeo torpe, exasperado. Todo mi cuerpo estaba tenso. La espalda combada en un rictus de placer. Las piernas abiertas y temblorosas. El sudor bajándome por el cuello.
    
    —Sí… sí, joder… —susurré con la voz rota, como si se lo dijera a ellos.
    
    Y entonces llegó. Arriba, él gruñó algo ininteligible. Salvaje. Gutural. Como un animal eyaculando dentro de su presa.
    
    —¡Todo para ti, puta!—imaginé que rugía; no pude captar las palabras exactas.
    
    Eso sí, él golpeó la cama con un estruendo final. Y ella chilló. Alto. Desgarrador. Un orgasmo puro. Cristalino. El grito de una mujer completamente satisfecha por una polla dentro de ella. Real. Brillante. Incontenible. ...
    ... Y ese sonido fue el gatillo.
    
    Sentí cómo mi cuerpo se disparaba también. Una centella me subió por las piernas. La pelvis se me contrajo con una fuerza que me dobló la espalda. Mi coño estalló contra mis dedos en una oleada caliente, líquida, que empapó mis muslos y la sábana.
    
    Gemí fuerte. Sin vergüenza. Un gemido largo, sucio, húmedo. Me tapé la boca para no gritar, pero mi cuerpo vibraba como si hubiera tocado una verja electrificada. Me corrí como hacía semanas no me corría. Fuerte. Profundo. Con espasmos. Mis dedos aún se movían, lentos, mientras mi clítoris ardía. Sentí un segundo temblor, un pequeño orgasmo que se enredó con el anterior como una réplica después del terremoto.
    
    Arriba… silencio. Solo un último golpe leve del somier, y un quejido largo. Agotado. Satisfecho.
    
    Yo también quedé en silencio. Desnuda. Sudada. Con las piernas abiertas y el corazón intentando recordar cómo latir sin correr.
    
    Miré el techo. Sonreí.
    
    —Gracias, vecinos —susurré con una risa ahogada.
    
    Y entonces, como si fuera una señal, escuché risas arriba. Una carcajada de ella, suave, íntima. Y una respuesta masculina, baja, ronca, relajada. Como si acabaran de fumarse un cigarro invisible, satisfechos de haber puesto el mundo en pausa durante diez minutos.
    
    Me tapé con la sábana y cerré los ojos. El techo había gemido por mí esa noche. Y yo… había gemido de vuelta.
    
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