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De vacaciones con mis suegros, me la folle a ella
Fecha: 20/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... esbozando un plan—. Podríamos vernos después de la partida... —Yo podría organizar partido de pádel ese día.... Nos abrazamos conscientes de que ninguno de los dos quería renunciar a lo que habíamos conquistado. Después nos duchamos juntos, riendo en voz baja como si fuéramos cómplices en una travesura de verano. Y nos arreglamos para ir a ver el final del torneo. Ellos estaban ya en el hoyo 17, concentrados, dando órdenes a su caddie. Teresa y yo nos sentamos en una de las terrazas con sombra, brindando con dos mojitos muy fríos, como si nada hubiese ocurrido. —Parece que pueden ganar —dije. —Mejor, así no estarán pendientes de nosotros en su celebración —respondió Teresa, divertida. —Pues yo me siento ganador. He metido todas mis bolas en el hoyo —dije antes de recibir un manotazo de ella por grosero pero muerta de la risa. —Y todas con el mismo palo —añadió sin dejar de reír—. Moldeable como uno de madera y duro como uno de hierro. Por la noche, el hotel organizó una cena en la terraza del restaurante para entregar los premios. Acabaron ganando, empatados con otra pareja, un señor de unos 45 años y su mujer. Teresa apareció con un vestido negro de tela ligera cuya falda se movía con la brisa del mar, ajustado en la cintura, resaltando sus curvas. Llevaba el cabello suelto, con ondas suaves cayéndole sobre los hombros.Estaba preciosa. Clara apenas se vistió con un traje de verano normal, dado que ella no era muy de trapitos.La cena fue ...
... increíble. Mariscos frescos, vino blanco, las mesas iluminadas por luces colgantes que se confundían con las estrellas como si fueran caer sobre nosotros. A los postres Teresa e Ignacio se tomaron una copa de ron del Caribe. Clara y yo brindamos con dos copas de vino que quedaban de la botella de la cena. Parecíamos una familia perfecta de dos padres con sus hijos. Sino perfecta, para mí era mi familia y me sentía ahora mucho más integrado. Al final el ambiente era muy distendido y mientras Clara comentaba algo con su padre, Teresa, por debajo de la mesa, levantó un pie para acariciar mi entrepierna. Nadie lo notó. Pero la sonrisa de Teresa dejaba claro que nuestra historia no había terminado. Después de la cena, la música se apoderó de la terraza, abusando de ritmos caribeños de bachata y merengue, que solo nos animaron a Teresa y a mí. En un momento dado, la otra pareja ganadora que bailaba a nuestro lado propuso intercambiar parejas y acabé bailando con una americana de 1,72 con un tipo ligeramente de caballo. Mientras bailábamos, el grupo de personas se fue ampliando excepto Ignacio y Clara que comentaban sentados cualquier cosa mientras Teresa y yo no dejábamos debuscarnos con la mirada. Antes de las doce, dijeron de retirarse y Teresa se negó. —Eres un aburrido, quiero seguir bailando. —No dejaré que te quedes aquí sola —farfulló su marido. —Cariño ¿puedes quedarte un rato más con ella? Yo estoy molida del partido —me pidió Clara que trataba de contentar a ...