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De vacaciones con mis suegros, me la folle a ella
Fecha: 20/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... suave como el terciopelo, buscando el manjar de sus pechos, sintiendo el temblor de su cuerpo. Me encontraba incómodo en el lugar. No estaba a la vista pero tampoco estaba cerrado. Ella tendió su vestido a lo largo y se montó sobre mí, abrazándome con sus piernas. Sus pechos botaban ante mis ojos. En ese momento me olvidé de donde estábamos, no existía el tiempo ni el lugar, solo ella y yo, unidos como nunca, libres de juicios. El mundo exterior desapareció dejándonos abandonados desnudos en esa playa caribeña, sin más testigos que las estrellas que nos observaban desde arriba, bajo el sonido rítmico del agua rompiendo en la orilla y el calor que transmitían nuestros propios cuerpos encallados en la arena cual náufragos, hasta que la marea nos arrojara de nuevo al mar. Teresa con su melena asalvajada sobre la cara, ya había perdido la elegancia con la que inició la noche pero el brillo de sus ojos le confería una provocadora expresión a su rostro, una imagen de sensualidad salvaje que ella desconocía y que le permitía expresar con la mirada lo que ya no hacía falta decir con palabras. Las caricias se volvieron más intensas, nuestras bocas se encontraron con más pasión, sedientas de besos hasta que el fuego prendió sobre la arena y armó mi polla que siguió creciendo cuando sus piernas me envolvieron. Envalentonado, me precipité al vacío de su coñito sobre el duro colchón de la arena, moviendo nuestros cuerpos a un ritmo lento y cadencioso, como si la bóveda de ...
... estrellas nos hubiese dado permiso para amarnos sin medida, suegra y yerno, aunque solo fuera una vez más. Sus temblores se volvieron más urgentes y mis movimientos más continuos hasta que alcanzó su punto más alto y el grito se extendió en la noche, desvaneciéndose el eco lentamente en el horizonte. Satisfecha y generosa, renuncio a un segundo orgasmo a cambio de hacerme una mamada que acabó con su boquita llena de leche. —De todas formas Clara ya estará dormida, no tienes que cumplir. Cuando regresamos a la fiesta nadie nos había echado a faltar. Cansados de tanto ejercicio, nos retiramos con nuestras respectivas parejas que dormían plácidamente, al menos Clara. Los últimos dos días en el Caribe pasaron con una normalidad casi irreal. Las sonrisas, las charlas triviales, las actividades en grupo los cuatro. Recuperé el sexo con Clara. Podría decir que con más interés por su parte y más actividad por el mío, que la follaba con la imagen de su madre en mi cabeza. Cada caricia que me hacía, yo sentía los dedos de Teresa deslizarse por mi piel. No era su culpa, ni mala intención por mi parte, sino que la huella que me había dejado Teresa se negaba a borrarse. Yo seguía sin saber qué pasaría al volver a casa, pero era consciente de que si no llevábamos cuidado, nuestra relación podría reventar lo que hasta entonces era una familia. De vuelta en Madrid, la rutina nos esperaba con sus brazos fríos pero nosotros le teníamos reservada una sorpresa. Con cautela y ...