1. Mi jefe don Ernesto se folla a mi esposa 9


    Fecha: 21/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Latintaboo, Fuente: TodoRelatos

    ... se mordió el labio, sus mejillas volvieron a enrojecer, como si una nueva oleada de pudor la atravesara. Pero no se levantó. No se cubrió ni retrocedió. Giró lentamente sobre sus rodillas, quedando frente a él. Sus ojos buscaron los suyos por un instante, como si necesitara confirmar que aquello estaba bien… o que al menos tenía permiso de sí misma para hacerlo.
    
    -Está bien… susurró mi esposa aceptando la orden. Yo apenas podía respirar. Sentía cómo la sangre me latía en los oídos. ¿En qué momento ella se convirtió en esto? ¿En qué momento dejó de mirar atrás? ¿En qué momento dejó de ser mi esposa dulce y delicada? Vi cómo sus manos se acercaban a don Mario. Y aunque lo hacía con delicadeza, su cuerpo no temblaba se inclinó hacia él, cerrando los ojos un instante y comenzó. Mi jefe la observaba con una sonrisa torcida, como si cada segundo fuese parte de un plan mayor. Como si ese acto de cederla a su amigo primero fuera parte de su dominio absoluto sobre ella.
    
    La vi acomodarse entre las piernas de don Mario con una mezcla de nerviosismo y obediencia. Con algo de torpeza Cinthya saco el miembro de don Mario, era la primera que metería a su boca, no era la más estética, algo morada y de cabeza ancha digna de la edad, al tenerla entre sus manos dudo un segundo, pero de inmediato y ante la mirada de los viejos empezó a pasarle la lengua como si de una paleta se tratase, eso fue al inicio hasta que las palabras de don Mario la animaron a más.
    
    -Que rico lo haces damita, ...
    ... pero, mételo en tu boquita ah.
    
    Cinthya obediente trago la verga de don Mario lentamente, como si fuera talentosa o una prodigio empezó a mamar la verga del viejo hábilmente, la torpeza inicial había desaparecido. Tenía los ojos cerrados, pero por acto de placer los abrió. Su mirada subía de vez en cuando hacia él, como buscando una reacción, una aprobación. Don Mario soltó un suspiro áspero, cargado de deseo.
    
    -Eso es, mamacita… así… muy bien…
    
    Apenas escuchó el jadeo de Don Mario, algo dentro de ella pareció desbloquearse. Su ritmo se volvió más fluido, más seguro.
    
    Y yo no podía moverme, mi esposa… la mujer que solía temblar solo con besarme el cuello, ahora estaba de rodillas frente a ese viejo, entregando algo que, hasta entonces, me había negado a pedírselo. Y lo hacía con una entrega que no conocía. Como si lo hubiera deseado como si lo hubiera soñado. Don Mario jadeaba su mano se enredó en el cabello de ella, sin apretar, solo acompañando el movimiento. La guiaba, la elogiaba y le murmuraba frases que yo apenas lograba entender, pero que no necesitaba traducir. Cinthya no se detenía, su respiración era agitada, su espalda arqueada con naturalidad. Cada gesto suyo parecía una mezcla de concentración y placer… como si dar ese acto fuera parte del deseo que la quemaba por dentro. Y al costado, don Ernesto observaba apoyado en el respaldo del sofá, con una sonrisa satisfecha. Su mirada no era la de un espectador casual, era la de un hombre que se sabía dueño del ...
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