1. Entre el Deber y el Placer 5


    Fecha: 22/09/2026, Categorías: Incesto Autor: amandanenasexy, Fuente: TodoRelatos

    Empezó a amanecer y la casa se encontraba en un silencio espeso cuando me desperté sudorosa, con las sábanas enredadas entre mis piernas. Mi mente no dejaba de reproducir las imágenes de los últimos días: Gabriel devorándome con la mirada cada vez que me inclinaba, Angel sorprendiéndome con unos ojos llenos de un deseo que nunca antes había notado. Me sentía dividida entre la culpa y una excitación que me quemaba por dentro.
    
    Me levanté de la cama, sintiendo cómo el aire frío de la habitación hacía que mis pezones se endurecieran bajo la fina tela de mi camisón. Me detuve frente al espejo del baño, observando mi reflejo: el escote pronunciado que dejaba ver la curva de mis senos, la cintura marcada, las caderas que aún conservaban su voluptuosidad a pesar de los años.¿Cómo no iban a desearme?
    
    El agua caliente de la ducha cayó sobre mi piel y no pude evitar dejar que mis manos recorrieran cada centímetro de mi cuerpo. Cerré los ojos, imaginando por un momento que eran las manos de Gabriel las que me enjabonaban, sus dedos fuertes acariciando mis pechos, deslizándose por mi vientre hasta llegar entre mis piernas. Pero luego, la imagen de Angel apareció en mi mente: su mirada tímida pero llena de hambre, sus labios entreabiertos mientras me observaba.
    
    Me mordí el labio, sintiendo cómo el deseo crecía dentro de mí.¿Qué estaba haciendo? Pero ya no podía negarlo: me excitaba saber que mis hijos me deseaban.
    
    Al salir de la ducha, me sequé lentamente, disfrutando del ...
    ... roce de la toalla sobre mis pezones sensibles. Luego, elegí un vestido rojo escotado, ajustado, que apenas me cubría los muslos. Sabía exactamente el efecto que tendría en ellos durante el desayuno.
    
    Bajé a la cocina con pasos lentos, sintiendo cómo el vestido se pegaba a mis curvas, Gabriel estaba sentado a la mesa, y su tenedor se detuvo a mitad de camino cuando me vio entrar. Sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo, deteniéndose en el escote que dejaba poco a la imaginación.
    
    —Buenos días, mamá —murmuró, su voz más gruesa de lo normal.
    
    —Buenos días, cariño —respondí, sonriendo mientras me inclinaba frente a él para tomar el jugo de naranja, permitiendo que el escote se abriera aún más.
    
    Angel entró en ese momento, y su reacción fue aún más evidente. Se quedó paralizado en la puerta, sus ojos azules —también igual a los de Gabriel—bajando por mi cuerpo con una mezcla de sorpresa y deseo.
    
    —¿Qué… qué llevas puesto? —preguntó, atragantándose con las palabras.
    
    —¿No te gusta? —pregunté, girando sobre mis tacones para que pudieran admirar cómo el vestido se ajustaba a mis caderas.
    
    Gabriel apretó los dientes, y Angel se ajustó el pantalón. El aire en la cocina se volvió tan denso que casi podía cortarlo con un cuchillo.
    
    El desayuno transcurrió entre miradas y sonrisas, hasta que cada quien se fue.
    
    Esa misma noche, no pude dormir. Me acosté con solo una camisón largo blanco y una tanga de encaje, sintiendo cómo el roce de la tela contra mi piel me ...
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