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Los tímidos son pecadores entre las sábanas
Fecha: 22/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: RedViper, Fuente: CuentoRelatos
De niña quería ser prostituta… ¿raro, no? No sé, me gustaba jugar con mi almohada, pellizcarme los pezones y grabarme bailando sexy. No era por falta de dinero, soy una de las jóvenes millonarias que encabeza la lista. Lo mío era diferente. Mi cuerpo deseaba el calor, ese placer infinito cuando llegas al orgasmo y no quieres dejar de tocarte. Y vaya que me divierto sola. Las primeras veces practiqué con mis dedos pero el placer se desvanecía muy rápido, por lo que opté por el contacto físico. Soy una chica alta, rubia, con grandes pechos, un trasero jugoso, y una silueta que mata a cualquier hombre (y mujer). No era que no hubiera hombres con los que acostarme, el problema era que ninguno entendía mis fetiches y nunca me corría a chorros, siempre fingía. Con el tiempo, descubrí que me gusta mucho que me denigren, que me traten como puta, que me manden y hagan lo que quieran conmigo, cuantas veces quieran hacerlo. Que me hagan sufrir de todas las maneras habidas y por haber. Y así empezó mi pequeño negocio. Con ayuda de unos contactos, hombres de todo tipo llegaban al local por un show privado: puedo ser la clase de chica que ellos quisieran. Uno de los orgasmos más fuertes de mi vida es gracias a este chico, llamémoslo Ryan. Me dio libertad de ser la chica que quisiera, por lo que opté por mi preferida: zorra de primera comunión. Cuando llegó a la hora que acordamos, lo recibo arrodillada de espaldas sobre la cama, con un vestido blanco transparente, me llega un ...
... poco más arriba de los muslos y deja ver la tanga blanca que llevo puesta, ya queriendo empaparse. El escote de corazón con corsé no puede con el tamaño de mis pechos, y puedo ver cómo Ryan se acomodaba mejor su pantalón. Lo volteo a ver sobre el hombro y bajo mi cuerpo poco a poco, sin apartar la mirada de él, hasta que mis pezones quedan pegados a la cama y mi culo en el aire. Él simplemente se sienta en una esquina de la habitación. Empiezo a hacer unas cuantas oraciones mientras muevo mis caderas de un lado a otro, empezando a calentarme. Sin dejar de bailar, quedo viendo hacia arriba mientras juego con el borde de mi tanga. Me toco con dos dedos por encima de la tela, justo en mi clítoris, y arqueo la espalda por lo bien que se empieza a sentir. Ryan solo ve el espectáculo, sin hacer gesto ninguno. En sus ojos puedo notar que está tratando de controlarse, como si estuviera metiendo a la bestia de nuevo a su jaula. Pero yo quiero que la deje suelta y me devore. Para provocarlo un poco más, me meto los dedos a la boca, chupando la humedad se mi coño. Me siento al borde de la cama y sigo masturbándome frente a él. Ya no puedo con estas ganas. Me deslizo hacia el piso y gateo hacia él. Siempre me gustaron los tímidos y callados, son una sorpresa en la cama y hacen que les ruegue por más. Cada maldita vez. Desabrocho su pantalón y él se acomoda mejor en su asiento, dejando que lo desnude de la cintura para abajo. Una de las cosas que más amo de esto es que ninguno de ...