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Pueblito mágico – Parte 3
Fecha: 27/09/2026, Categorías: Masturbación Transexuales Voyerismo Autor: danielasolatrans, Fuente: SexoSinTabues30
Pueblito mágico – Parte 3 Papis, aquí les traigo la tercera parte de mi aventura en este pueblito mágico. Los días pasaban, y Don Rubén no dejaba de culiarme a todas horas. Habían pasado dos días desde que me tenía desnuda por toda la casa, follándome donde nos encontrábamos. En la cocina, en el pasillo, en el patio, yo le mamaba su verga gruesa con ganas, saboreando su sudor salado. Como éramos los únicos en la casa, tenía la libertad de andar en hilo negro o completamente desnuda, dependiendo de mi calentura. Mi culito, siempre con el plug metido, palpitaba de tanto placer. Al tercer día, un inquilino llegó sin avisar. Estaba limpiando un mueble, agachada, desnuda salvo por mi plug, cuando una voz grave me sobresaltó: “Buenos días, señorita”. Me quedé pálida, el corazón a mil. Me giré y vi a un tipo alto, corpulento, con la cara curtida por el trabajo duro del campo, vestido con una camisa a cuadros sucia y jeans gastados. “Soy inquilino de Don Rubén”, dijo, sus ojos devorándome con lujuria mientras mi culito brillaba con el plug asomando. Se retiró a su cuarto, pero su mirada morbosa me dejó temblando. Asustada, corrí a mi habitación y me puse ropa “decente” —unos jeans y una camiseta— para mantener mi fachada de caballero. Pero luego recordé que en este pueblo todos se cuentan todo, así que salí tal como estaba, en hilo negro, lista para ser la zorrita que soy. Esa tarde, llegó Don Rubén, y le conté lo sucedido. Se rió y dijo: “Aquí solo llegan hombres, no hay problema ...
... si te ven así. En la noche llegan más inquilinos, y si quieres, puedes cobrarles por culiar. Salen de las fincas buscando comida y sexo, pero en el burdel solo hay putas viejas que se dejan por la vagina. Ellos buscan un ano apretado como el tuyo”. Mi culito se mojó al instante. “Pues aquí estoy, papi”, respondí, con voz de nena coqueta, lista para ser usada. Esa noche, mientras Don Rubén me daba mi culiadita diaria, yo gritando como zorrita, escuché pasos y voces. Varios hombres llegaron a la casa, pero nadie golpeó la puerta de Don Rubén; cada uno se fue a su cuarto. A la mañana siguiente, me desperté y fui a desayunar, aún en mi hilo negro, el plug metido en mi ano. Don Rubén me llamó, y salí como toda una nena puta, contoneando las caderas. Lo que vi me dejó boquiabierta: unos diez machos, altos, bajos, todos acuerpados, con camisas rotas y jeans sucios, sus cuerpos oliendo a trabajo duro. Don Rubén sonrió y dijo: “Ahí está, muchachos, para lo que gusten”. Rodeada de esos machos, en hilo y con el plug, me sentí en el paraíso. El primero, un tipo rudo de unos 40 años, me miró con hambre. “Pasa, zorrita, que es tarde. Llevo tres meses en la finca sin meterla, y hoy te dejo llena de leche”, gruñó, halándome a su cuarto. Mientras caminábamos, sus manos grandes me sobaban el culito y los pechos por encima del top. “Hoy vas a conocer a un macho”, dijo. Entramos a su cuarto, y se desnudó de un tirón. Su verga, de unos 16 cm, era dura, peluda y gorda, con una cabeza goteante que ...